Tres glifos rojos en una cueva revelan rituales de Teotihuacan en un antiguo santuario de México

En las paredes de la Cueva 19 de Chalcatzingo, Morelos, investigadores identificaron tres composiciones pintadas que pertenecen al sistema de escritura de Teotihuacan y que podrían estar relacionadas con la veneración de guerreros muertos.

 

Durante siglos, una pequeña cueva abierta en la ladera de una montaña de Morelos conservó un mensaje casi invisible. Sus trazos rojos se confundían con la superficie rocosa, pero nuevas técnicas de documentación y procesamiento digital permitieron recuperar detalles que ayudan a reconstruir una escena ritual ocurrida hace aproximadamente 1.600 años.

El lugar es la Cueva 19 de Chalcatzingo, un antiguo centro ceremonial situado entre los cerros Chalcatzingo y Delgado, al sureste de la actual Ciudad de México. El sitio es célebre por sus monumentos y relieves de tradición olmeca, fechados aproximadamente entre 900 y 500 a. C. Sin embargo, el nuevo estudio demuestra que su importancia religiosa no terminó con aquellas sociedades del periodo Formativo. La Cueva 19 continuó siendo utilizada durante el periodo Clásico, entre los siglos IV y VI d. C.

 

Helmke, C., Nielsen, J., Meza Rodríguez, C. & Córdova Tello, M. (2026). Painted Teotihuacan glyphs of Cave 19, Chalcatzingo, Morelos, Mexico. Antiquity. Figuras 1–9; fotografías, dibujos, documentación y procesamiento de imágenes: Christophe Helmke y autores. Cambridge University Press / Antiquity Publications Ltd. Las figuras del artículo están publicadas bajo licencia Creative Commons Attribution–NonCommercial–NoDerivatives (CC BY-NC-ND 4.0)

Una cueva pequeña en una montaña sagrada

La Cueva 19 no es una gran cavidad subterránea. Los investigadores la describen como un pequeño abrigo rocoso situado aproximadamente a un tercio de la altura de la cara occidental del Cerro Delgado.

Tiene apenas unos 5,43 metros de ancho, una profundidad máxima de 2,24 metros y una superficie aproximada de 7,4 metros cuadrados. Su posición, sin embargo, resulta mucho más importante que sus dimensiones.

Para llegar actualmente hasta ella es necesario ascender hasta la parte superior del cerro y descender por una escarpada pared. Los investigadores plantean que, en la antigüedad, pudo haberse accedido mediante estructuras semejantes a escaleras o andamios, pues existen huellas de pasos y apoyos tallados en algunos sectores de la pendiente.

En el fondo del abrigo existe una pequeña repisa natural de roca. Sobre ella y alrededor de la pared posterior se observan evidencias de exposición al fuego: la roca está ennegrecida por lo que los investigadores denominan fire-clouding, una acumulación de residuos producidos por combustión.

Y precisamente frente a esta repisa aparecen los tres conjuntos pictóricos.

Tres mensajes pintados con pigmento rojo

Los glifos fueron realizados con líneas relativamente claras utilizando un pigmento rojo oscuro, probablemente elaborado a partir de hematita, aplicado mediante un pincel.

Su apariencia es diferente de buena parte del arte rupestre pintado de Chalcatzingo. Mientras otras representaciones son más esquemáticas, los tres conjuntos de la Cueva 19 están construidos mediante signos reconocibles dentro del repertorio de la escritura de Teotihuacan.

Para recuperar los trazos que la erosión había ocultado, el equipo empleó fotografía digital y técnicas de procesamiento de imágenes, incluyendo DStretch y diferentes canales cromáticos de Adobe Photoshop. Estas herramientas permitieron hacer visibles zonas de pigmento que apenas podían distinguirse en las fotografías convencionales.

El resultado fue la identificación de tres composiciones con características muy diferentes.

El primer glifo: una montaña que podría estar cantando

El primer conjunto está parcialmente destruido. Solo se conserva con claridad una parte del diseño, mientras que el sector expuesto a los elementos desapareció por completo.

En su centro aparece un signo que representa una montaña estilizada, acompañado por otros elementos semejantes y por volutas que parecen salir de una boca.

En el sistema gráfico de Teotihuacan, esas volutas pueden representar habla o canto. Por ello, los investigadores interpretan el conjunto como un topónimo que podría traducirse como “Montaña Cantora” o “Montaña que canta”.

La propuesta adquiere especial interés porque una montaña cercana fue conocida posteriormente en náhuatl como Cuicatepec, nombre que significa precisamente “Montaña Cantora”.

Los autores plantean, por tanto, que el glifo pudo ser una antigua denominación del propio Cerro Delgado. Si esta interpretación es correcta, el nombre del paisaje habría mantenido una notable continuidad durante muchos siglos.

Pero existe una implicación todavía más interesante: representaciones similares de la “Montaña Cantora” aparecen en murales de la propia Teotihuacan. Allí el topónimo está relacionado con procesiones rituales en las que participantes realizaban ceremonias de dispersión de incienso.

Esto abre la posibilidad de que personas vinculadas con Teotihuacan viajaran hasta Chalcatzingo para realizar ceremonias en un lugar considerado religiosamente significativo. Los investigadores interpretan esta correspondencia como una posible evidencia de que Cerro Delgado fue un destino de peregrinación.

Helmke, C., Nielsen, J., Meza Rodríguez, C. & Córdova Tello, M. (2026). Painted Teotihuacan glyphs of Cave 19, Chalcatzingo, Morelos, Mexico. Antiquity. Figuras 1–9; fotografías, dibujos, documentación y procesamiento de imágenes: Christophe Helmke y autores. Cambridge University Press / Antiquity Publications Ltd. Las figuras del artículo están publicadas bajo licencia Creative Commons Attribution–NonCommercial–NoDerivatives (CC BY-NC-ND 4.0)

El segundo glifo: armas, prestigio y guerreros

El segundo conjunto es todavía más complejo.

En su centro aparece un collar de cuentas colocado sobre una pieza de tela, posiblemente una capa o prenda ceremonial. Atravesando el conjunto se observa un proyectil vertical, aparentemente un dardo utilizado con un atlatl, el lanzadardos característico de las sociedades mesoamericanas.

Estos elementos aparecen asociados a la indumentaria y al prestigio militar de Teotihuacan.

Los investigadores comparan la composición con otros ejemplos de la escritura teotihuacana y proponen que podría representar un título militar o una categoría particular de guerreros.

La interpretación no es completamente segura. Otros especialistas habían considerado composiciones semejantes como posibles paquetes funerarios de guerreros. En este caso, los autores prefieren interpretarlo como un título relacionado con una orden o grupo militar.

La combinación entre el atlatl y el collar también resulta significativa porque, en tradiciones posteriores del centro de México, ambos elementos podían funcionar simbólicamente para expresar riqueza, prestigio y poder militar.

Helmke, C., Nielsen, J., Meza Rodríguez, C. & Córdova Tello, M. (2026). Painted Teotihuacan glyphs of Cave 19, Chalcatzingo, Morelos, Mexico. Antiquity. Figuras 1–9; fotografías, dibujos, documentación y procesamiento de imágenes: Christophe Helmke y autores. Cambridge University Press / Antiquity Publications Ltd. Las figuras del artículo están publicadas bajo licencia Creative Commons Attribution–NonCommercial–NoDerivatives (CC BY-NC-ND 4.0)

El tercer glifo: estrellas sobre un escenario ritual

El tercer diseño es diferente.

No parece funcionar como una palabra o frase escrita. Se trata de un gran marco rectangular decorado con estrellas de cinco puntas, situado directamente sobre la repisa de roca ennegrecida por el fuego.

La posición parece demasiado precisa para ser accidental.

Los investigadores compararon este diseño con representaciones presentes en incensarios ceremoniales de Teotihuacan. En ellos aparecen estructuras rectangulares semejantes a toldos o marquesinas decoradas que formaban parte de escenas rituales relacionadas con la conmemoración de guerreros fallecidos.

Por eso, los autores proponen que la repisa pudo haber funcionado como una base para un objeto ceremonial —quizá un incensario— o incluso para un bulto funerario durante algún ritual de cremación.

Pero aquí la evidencia exige cautela: no se ha conservado ningún objeto que permita determinar exactamente qué ocurrió en la cueva. Los investigadores presentan la cremación como una hipótesis, no como un hecho demostrado.

La asociación entre estrellas, iconografía militar y fuego refuerza, sin embargo, la posibilidad de que el espacio estuviera relacionado con ceremonias dedicadas a guerreros muertos.

Helmke, C., Nielsen, J., Meza Rodríguez, C. & Córdova Tello, M. (2026). Painted Teotihuacan glyphs of Cave 19, Chalcatzingo, Morelos, Mexico. Antiquity. Figuras 1–9; fotografías, dibujos, documentación y procesamiento de imágenes: Christophe Helmke y autores. Cambridge University Press / Antiquity Publications Ltd. Las figuras del artículo están publicadas bajo licencia Creative Commons Attribution–NonCommercial–NoDerivatives (CC BY-NC-ND 4.0)

Una escritura que durante décadas fue cuestionada

El descubrimiento también tiene importancia para comprender la propia escritura de Teotihuacan.

Durante buena parte del siglo XX existió un intenso debate sobre si Teotihuacan había desarrollado realmente un sistema de escritura comparable al de otras grandes civilizaciones mesoamericanas.

La ausencia de textos extensos llevó a algunos investigadores a considerar sus signos como simples símbolos, emblemas o convenciones gráficas.

Los estudios acumulados durante las últimas décadas han cambiado esta perspectiva. Los investigadores citados en el artículo han identificado en el repertorio teotihuacano topónimos, nombres personales, títulos, anotaciones calendáricas e incluso predicados verbales.

El nuevo estudio considera que el sistema era de naturaleza logo-fonética, con un repertorio cercano a 120 signos conocidos hasta ahora. Sin embargo, su lengua exacta todavía continúa siendo objeto de debate y el sistema no está completamente descifrado.

Los tres glifos de la Cueva 19 aportan, por tanto, nuevos datos al creciente corpus de esta escritura.

Chalcatzingo: un paisaje sagrado que sobrevivió a los siglos

Quizá uno de los aspectos más importantes del hallazgo no se encuentre únicamente en los glifos, sino en el lugar donde fueron pintados.

Chalcatzingo ya era un espacio de enorme importancia ritual muchos siglos antes de la llegada de las expresiones teotihuacanas. Sus montañas, cuevas y monumentos habían sido integrados en una compleja geografía sagrada asociada con la lluvia, el maíz, las montañas y las fuerzas sobrenaturales.

Durante el periodo Clásico, la región también recibió una presencia importante de población y cultura vinculada con Teotihuacan. A unos 13 kilómetros de Chalcatzingo se encontraba San Ignacio, uno de los principales asentamientos teotihuacanos de la zona, identificado mediante cerámicas diagnósticas, arquitectura y otros materiales.

La Cueva 19 muestra que esa presencia no fue solamente doméstica o económica.

Aquí encontramos algo diferente: una inscripción vinculada a un paisaje sagrado y asociada espacialmente con una actividad ritual relacionada con fuego.

El resultado es una imagen mucho más compleja de la expansión de Teotihuacan por Morelos. No se trataba únicamente de asentamientos, intercambio o influencia política. Algunos lugares podían adquirir importancia por razones religiosas y convertirse en escenarios de prácticas ceremoniales.

Una ventana a la memoria de los guerreros

El estudio propone que los tres conjuntos deben interpretarse de manera conjunta.

El primer glifo podría identificar el lugar como una “Montaña Cantora”. El segundo parece aludir a un título o identidad militar. El tercero, situado sobre una superficie quemada y decorado con estrellas, podría representar un elemento ceremonial relacionado con la conmemoración de guerreros muertos.

De esta manera, la montaña, la escritura y el ritual parecen formar parte de una misma escena.

Los investigadores no afirman que podamos reconstruir con certeza toda la ceremonia. Lo que sí consideran significativo es la coincidencia espacial entre los glifos, la repisa y las evidencias de combustión, además de las semejanzas iconográficas con materiales de Teotihuacan.

La hipótesis final es que la Cueva 19 pudo haber sido utilizada para rituales teotihuacanos de carácter funerario o conmemorativo, posiblemente relacionados con guerreros, durante los siglos IV al VI d. C.

Un mensaje que sobrevivió en la roca

Los tres glifos de Chalcatzingo son mucho más que pinturas antiguas.

Son evidencia de que, siglos después del esplendor temprano de Chalcatzingo, sus montañas continuaban siendo lugares cargados de significado. También muestran que las tradiciones escritas y rituales de Teotihuacan podían desplazarse fuera de la gran metrópoli y adquirir nuevos significados en paisajes sagrados regionales.

Y quizá lo más fascinante sea que una pequeña pared rocosa conserva todavía una conversación entre lugar, escritura, memoria y muerte.

Hace alrededor de 1.600 años, alguien llegó hasta este refugio en la montaña, preparó pigmento rojo y dejó allí tres composiciones.

Una pudo decir el nombre de la montaña.

Otra pudo identificar a un guerrero.

La tercera quizá acompañó un ritual dedicado a los muertos.

El fuego se apagó. Los objetos desaparecieron. La pintura comenzó a desvanecerse.

Pero los signos permanecieron.

Y ahora, después de siglos de silencio, vuelven a revelar una parte de la historia de Teotihuacan.

Referencia científica principal

Helmke, C., Nielsen, J., Meza Rodríguez, C. & Córdova Tello, M. (2026). Painted Teotihuacan glyphs of Cave 19, Chalcatzingo, Morelos, Mexico. Antiquity, 1–19. Cambridge University Press. DOI: 10.15184/aqy.2026.10425. El artículo fue publicado en línea el 24 de septiembre de 2026 y es de acceso abierto.

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