Descubren el dipluro más antiguo conocido: un gigante depredador que habitó los suelos del Jurásico

Hace aproximadamente 165 millones de años, mientras los dinosaurios dominaban los paisajes terrestres, en los suelos húmedos de lo que hoy es China vivía un artrópodo de aspecto singular. No tenía alas ni el perfil de los insectos más conocidos, pero contaba con mandíbulas robustas y un par de apéndices en forma de pinza que probablemente le permitían capturar a sus presas.

Su existencia acaba de adquirir una importancia extraordinaria para la ciencia. Un fósil procedente de los depósitos del Jurásico Medio de Daohugou, en Mongolia Interior, China, ha permitido identificar al dipluro más antiguo conocido hasta ahora: una especie denominada Sinojapyx giganteus.

El hallazgo no solo amplía el registro fósil de estos pequeños parientes evolutivos de los insectos. También ofrece nuevas pistas sobre cómo surgieron algunas de las características anatómicas de los hexápodos, el grupo de artrópodos que comprende a los insectos y otros organismos de seis patas.

Un gigante entre los habitantes del suelo jurásico

Los diplúros —conocidos en inglés como two-pronged bristletails— son hexápodos discretos que habitan principalmente en ambientes terrestres húmedos, entre la hojarasca, bajo las piedras y dentro del suelo. Aunque pasan inadvertidos para la mayoría de las personas, desempeñan funciones ecológicas importantes y constituyen un grupo de especial interés para reconstruir la evolución temprana de los hexápodos.

Sin embargo, estudiar su historia evolutiva ha sido complicado. Sus fósiles son extraordinariamente escasos y durante millones de años han existido importantes vacíos en el registro paleontológico.

En este contexto, el descubrimiento de Sinojapyx giganteus representa una pieza excepcional. El ejemplar fue recuperado en la biota de Daohugou, una localidad fósil reconocida por preservar una diversidad notable de organismos del Jurásico. Según los investigadores, se trata de un hallazgo especialmente raro: fue el único dipluro identificado entre cerca de 300.000 fósiles examinados en las colecciones y materiales estudiados de esta biota.

Más de cinco centímetros de historia evolutiva

Una de las características más sorprendentes de Sinojapyx giganteus era su tamaño. El animal superaba los cinco centímetros de longitud corporal, una dimensión extraordinaria para un dipluro y más del doble de la longitud habitual de muchos representantes actuales del grupo.

Su anatomía revela un organismo equipado para la depredación. Poseía mandíbulas fuertes, con dientes robustos, y un par de cercos —apéndices situados en el extremo posterior del abdomen— que tenían forma de pinza. Estas estructuras eran simétricas y carecían de los pequeños dientes y dentículos que aparecen en las pinzas especializadas de numerosos diplúros depredadores actuales.

A partir de estas características, los investigadores proponen que el animal probablemente cazaba al acecho en el suelo jurásico, sujetando a sus presas cuando se aproximaban. Sus mandíbulas robustas también habrían favorecido la captura y el procesamiento de alimentos relativamente grandes.

En aquel ecosistema, Sinojapyx giganteus habría ocupado una posición destacada en la red alimentaria del suelo. Los autores lo consideran uno de los principales depredadores invertebrados conocidos de la biota de Daohugou, un papel ecológico que hoy pueden desempeñar artrópodos de mayor tamaño, como ciertos ciempiés y escorpiones.

No obstante, esta interpretación de su comportamiento se basa en la anatomía fósil y en comparaciones con especies vivientes: no constituye una observación directa de sus hábitos de caza.

Sinojapyx giganteus
Wang, Cai, Sánchez-García, Sendra & Huang, 2026

Una anatomía que cambia lo que sabemos sobre los hexápodos

La relevancia del descubrimiento va mucho más allá del tamaño del animal. Su anatomía conserva una combinación de características primitivas y especializadas que permite examinar cómo evolucionó el plan corporal de los hexápodos.

Uno de los aspectos más importantes está en sus piezas bucales.

En muchos diplúros actuales, las mandíbulas y otras estructuras de la boca se encuentran retraídas dentro de una cavidad formada por partes de la cabeza. Esta condición se conoce como entognatia y también aparece en otros grupos de hexápodos no pertenecientes a los insectos.

Sin embargo, el fósil de Sinojapyx giganteus presenta una configuración diferente: sus piezas bucales permanecían parcialmente expuestas, una condición conocida como ectognatia.

Esta característica es importante porque respalda la hipótesis de que las piezas bucales expuestas representan una condición ancestral de los hexápodos y que la entognatia evolucionó de manera independiente en diferentes linajes. A partir de sus análisis, los autores proponen que este proceso ocurrió al menos tres veces entre los linajes de hexápodos no insectos.

El descubrimiento también ayuda a comprender la transformación de los cercos. En Sinojapyx giganteus, estas estructuras todavía tenían una configuración relativamente sencilla, sin la dentición compleja de muchos representantes actuales de Japygoidea. Los investigadores interpretan esta anatomía como una condición ancestral que precedió a la evolución de aparatos de captura más especializados.

Así, el fósil ofrece una ventana a un proceso evolutivo prolongado: la transformación de apéndices posteriores en herramientas cada vez más eficaces para sujetar presas, posiblemente en respuesta a cambios en la alimentación y a las interacciones entre depredadores y presas.

Sinojapyx giganteus
Wang, Cai, Sánchez-García, Sendra & Huang, 2026

 

Una pequeña pieza para reconstruir una historia inmensa

El hallazgo de Sinojapyx giganteus demuestra que incluso los organismos menos conocidos pueden aportar información decisiva para comprender la historia de la vida.

Con unos cinco centímetros de longitud, mandíbulas poderosas y apéndices en forma de pinza, este habitante del Jurásico permite reconstruir un capítulo poco documentado de la evolución de los hexápodos. Su anatomía aporta evidencias sobre el origen de las piezas bucales retraídas, la diversificación de los diplúros y la transformación de estructuras corporales relacionadas con la depredación.

Su importancia también reside en el lugar que ocupó en el ecosistema. El fósil sugiere que los suelos jurásicos albergaban redes alimentarias complejas, en las que artrópodos de distintos tamaños desempeñaban funciones ecológicas especializadas.

Aun así, una sola pieza fósil no resuelve todas las preguntas sobre el origen y la evolución de los diplúros. Será necesario encontrar nuevos ejemplares para conocer mejor la diversidad de estos animales, precisar sus relaciones evolutivas y comprender cómo cambiaron sus características a lo largo del tiempo.

Por ahora, Sinojapyx giganteus permanece como un testimonio excepcional de un mundo desaparecido: un depredador del suelo que, después de aproximadamente 165 millones de años, vuelve a revelar secretos sobre los orígenes de algunos de los artrópodos terrestres más enigmáticos.


Fuente científica

Wang, Y., Cai, C., Sánchez-García, A., Sendra, A. y Huang, D. (2026). A giant Jurassic hunter: the earliest dipluran and its implications for hexapod body pattern evolution. Proceedings of the Royal Society B: Biological Sciences, 293, 20261207.

About the Author

Deja una respuesta

You may also like these