Un nuevo dinosaurio emplumado de China aporta una pieza extraordinaria para comprender cómo algunos dinosaurios adquirieron adaptaciones para desplazarse por el aire y, al mismo tiempo, muestra que el camino hacia el vuelo de las aves pudo ser mucho más complejo de lo imaginado.
Durante millones de años, mucho antes de que las aves modernas dominaran los cielos, diversos dinosaurios experimentaron con una idea evolutiva extraordinaria: convertir sus extremidades y sus plumas en estructuras capaces de interactuar con el aire.
Ahora, un fósil excepcionalmente conservado descubierto en el noreste de China añade una nueva pieza a esa historia.
Los investigadores han descrito una nueva especie de dinosaurio terópodo: Norellraptor barsboldi, perteneciente a los microraptorinos, un grupo de pequeños dinosaurios dromeosáuridos estrechamente relacionado con las aves. El espécimen conserva un esqueleto prácticamente completo y parte de sus impresiones de plumaje, permitiendo estudiar no solamente su anatomía, sino también el desarrollo de sus huesos.
Y aquí comienza lo extraordinario.
Un dinosaurio de apenas 57 centímetros con un diseño sorprendentemente aéreo
El esqueleto estudiado mide aproximadamente 57 centímetros de longitud y corresponde a un individuo que ya había superado las primeras etapas juveniles. El análisis histológico de sus huesos indica que tenía al menos tres años cuando murió, aunque todavía se encontraba en una fase juvenil tardía.
Su anatomía combina características propias de los dromeosáuridos con otras relacionadas con las adaptaciones aéreas.
Los investigadores encontraron un húmero relativamente corto y menos robusto que el fémur, un radio equivalente aproximadamente al 80 % de la longitud del húmero y manos completas articuladas con los antebrazos. Estas manos formaban un ángulo de unos 100 grados con los antebrazos.
Pero quizás el elemento más espectacular sea su plumaje.
El fósil conserva plumas alrededor de las extremidades anteriores, la región pélvica y la cola. Los investigadores consideran probable que las extremidades anteriores poseyeran plumas pennáceas asimétricas, mientras que en la región distal de la cola se preservaron plumas dominadas por un raquis.
Es decir, no estamos ante un dinosaurio simplemente cubierto de filamentos.
Su cuerpo estaba equipado con un conjunto de estructuras que podían interactuar de manera significativa con el aire.

Wang, Ji, Cau, Kundrát, Liu, Wang y Ji, 2026
¿Tenía alas?
En cierto sentido, sí.
Pero aquí debemos abandonar la imagen de un ave moderna y pensar en algo mucho más extraño.
Los microraptorinos son conocidos por poseer combinaciones de plumas y modificaciones anatómicas relacionadas con el desplazamiento aéreo. En algunos miembros del grupo, las extremidades posteriores también podían contribuir a la superficie aerodinámica, dando lugar a la famosa configuración de “cuatro alas”.
El nuevo fósil refuerza la idea de que estas adaptaciones no aparecieron de golpe. Según el estudio, la evolución del aparato aéreo de los microraptorinos habría ocurrido paso a paso, mediante la incorporación progresiva de diferentes modificaciones anatómicas.
Esto permite imaginar a estos animales no como “aves primitivas” perfectamente adaptadas al vuelo, sino como dinosaurios que estaban experimentando evolutivamente con diferentes formas de aprovechar el aire.

¿Volaba como un ave?
Aquí la respuesta debe ser más cautelosa.
El estudio identifica adaptaciones aéreas, pero no permite afirmar que Norellraptor volara exactamente como una ave moderna.
Su anatomía sugiere que las extremidades emplumadas podían desempeñar un papel aerodinámico, pero determinar si utilizaba un vuelo activo sostenido, planeo, saltos asistidos por las alas u otra forma de locomoción aérea requiere reconstrucciones biomecánicas adicionales.
La evidencia disponible sí permite situarlo dentro de un grupo de dinosaurios en el que la evolución estaba explorando diferentes soluciones para desplazarse por el aire. Los autores señalan precisamente que los microraptorinos presentan varias adaptaciones relacionadas con el vuelo y que su interpretación funcional continúa siendo un tema evolutivo controvertido.
Por eso, una reconstrucción razonable sería imaginar a Norellraptor desplazándose entre superficies elevadas, realizando saltos, planeos o movimientos aéreos controlados, utilizando las plumas de sus extremidades para generar sustentación y maniobrar.
No era un pájaro. Era otra solución evolutiva al problema de moverse por el aire.
Y aquí aparece una sorpresa: las aves no necesariamente inventaron el mismo tipo de alas
Durante mucho tiempo, los dinosaurios emplumados como los microraptorinos han sido fundamentales para estudiar el origen del vuelo de las aves.
Después de todo, las aves actuales son dinosaurios terópodos supervivientes, y los microraptorinos pertenecen a Paraves, el gran linaje que incluye a las aves y a varios de sus parientes más cercanos.
Sin embargo, el nuevo estudio introduce una importante advertencia.
Los investigadores encontraron que aproximadamente el 30 % de las características evolutivas identificadas en los microraptorinos también aparecen de manera convergente en el linaje de las aves. Entre ellas se encuentran modificaciones del esternón, cintura pectoral, extremidades anteriores, manos, dedos, pelvis y algunas características de las plumas.
Pero que dos linajes desarrollen características semejantes no significa necesariamente que las hayan heredado de un antepasado que ya poseía exactamente ese diseño.
La comparación de las secuencias evolutivas muestra que las transformaciones relacionadas con el vuelo ocurrieron en órdenes diferentes en Microraptorinae y Avialae. Por ello, los autores concluyen que sus aparatos de vuelo no parecen proceder de un mismo programa evolutivo compartido.
En otras palabras:
La evolución pudo haber construido alas más de una vez.
Un experimento evolutivo que ocurrió millones de años antes de los aviones
La importancia de Norellraptor barsboldi no reside únicamente en haber añadido una nueva especie al árbol de los dinosaurios.
Su verdadero valor está en mostrar que el vuelo no tuvo necesariamente un único camino evolutivo.
Mientras el linaje que condujo hacia las aves desarrollaba progresivamente su propio aparato de vuelo, otros dinosaurios paravianos podían estar experimentando con soluciones diferentes.
Algunas de esas soluciones terminaron desapareciendo.
Otras dejaron descendientes.
Y una de ellas acabaría dando origen al único linaje de dinosaurios que todavía existe:
las aves.
El fósil de Norellraptor nos permite observar una de esas ramas experimentales de la evolución en un momento particularmente importante de la historia de los vertebrados.
No era todavía un ave.
Tampoco necesitaba serlo.
Era un dinosaurio que había encontrado su propia manera de enfrentarse a la gravedad.
Y quizás esa sea una de las lecciones más fascinantes de la evolución: la naturaleza no siempre encuentra una única solución para conquistar un nuevo ambiente. Puede intentarlo una y otra vez, siguiendo caminos diferentes hasta que alguno de ellos permanece.
El dato que cambia la historia
El espécimen fue descubierto por un agricultor local cerca de Lamadong, en el condado de Jianchang, Liaoning occidental, China, y fue donado al Museo de Hebei GEO University en 2023. El fósil corresponde al holotipo 130108-MHGU-F4281 y se encuentra actualmente depositado en esa institución.
Nombre científico
Norellraptor barsboldi
Género: Norellraptor
Especie: Norellraptor barsboldi
Grupo: Microraptorinae – Dromaeosauridae
Edad: Cretácico Inferior
Localidad: Liaoning occidental, China
Longitud del esqueleto: ~57 cm
Edad estimada del ejemplar: al menos 3 años
Plumaje: preservado parcialmente, incluyendo probables plumas pennáceas asimétricas en la extremidad anterior.
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Fuente: Wang, X. et al. (2026). Independent assembly of the flight apparatus in a non-avian dinosaur clade. Nature Communications, 17, 10074.