Hace unos 55 millones de años, un pequeño pájaro parecido a los trogones actuales recorría los bosques del Eoceno con unas patas sorprendentemente diferentes. Su fósil revela que una de las características más extraordinarias de los trogones modernos “un dedo orientado hacia atrás” todavía no había aparecido por completo.
En los bosques tropicales y subtropicales actuales, los trogones son reconocibles no solo por sus brillantes colores y su comportamiento, sino también por una característica anatómica excepcional: sus patas heterodáctilas. En ellas, el segundo dedo está permanentemente dirigido hacia atrás y se enfrenta al primero y a los otros dos dedos, formando una especie de pinza especializada para sujetarse a las ramas.
Pero esta disposición no estuvo presente desde el comienzo de la historia evolutiva del grupo.
Un trogón del Eoceno que todavía no tenía el “dedo invertido”
Un estudio publicado en 2026 en Journal of Systematic Palaeontology describe una nueva especie, Daniatrogon kochi, procedente de la Formación Fur, en Dinamarca, y datada en aproximadamente 55,4–55,0 millones de años, durante el Eoceno temprano. El ejemplar es particularmente extraordinario porque conserva gran parte del esqueleto en conexión anatómica.
Y sus patas cuentan una historia evolutiva fascinante.

A diferencia de los trogones actuales y de otros trogones fósiles articulados conocidos, Daniatrogon kochi no poseía un pie completamente heterodáctilo. Su segundo dedo no estaba girado completamente hacia atrás. Aunque posiblemente presentaba cierta rotación hacia el interior, mantenía una orientación semejante a la de los otros dedos delanteros.
Esto es especialmente importante porque, en los demás trogones fósiles conocidos que conservan las patas articuladas, el segundo dedo ya aparece completamente invertido.
Es decir, el fósil captura una etapa en la que la característica que hoy define las patas de los trogones todavía estaba evolucionando.
De una pata más generalista a una auténtica pinza para las ramas
La comparación entre estos fósiles permite imaginar una transformación gradual.
Los primeros trogoniformes del Eoceno presentaban una diversidad considerable en la estructura de sus patas. Daniatrogon, por ejemplo, conservaba un hallux “primer dedo” extraordinariamente largo, mucho mayor que el de los trogones actuales. Con el posterior desarrollo del pie heterodáctilo, el hallux se redujo en la línea evolutiva que conduce a los trogones modernos.
El estudio propone que esta transformación pudo estar relacionada con un cambio en la manera de desplazarse y alimentarse.
Los trogones actuales son relativamente sedentarios: suelen permanecer posados y realizar vuelos cortos desde sus perchas para capturar alimento. En cambio, los primeros trogoniformes pudieron desplazarse más activamente entre las ramas y la vegetación, para lo cual una pata con una mayor capacidad de agarre habría resultado ventajosa.
Así, el extraño dedo que hoy parece una pieza especializada para aferrarse a una rama podría representar el resultado de una larga transformación evolutiva.
¿Y pudieron caminar sobre el suelo?
Aquí el fósil plantea una posibilidad interesante, pero es importante separar lo que demuestra el estudio de lo que podemos inferir.
La ausencia del pie heterodáctilo en Daniatrogon significa que su pata era menos especializada para el agarre que la de los trogones modernos. Además, los autores consideran que los primeros trogoniformes pudieron haber tenido comportamientos locomotores más activos.
Sin embargo, el estudio no demuestra que Daniatrogon fuera un ave terrestre ni que el dedo parcialmente orientado hacia delante representara una adaptación específica para caminar sobre el suelo. De hecho, la interpretación propuesta por los autores pone el énfasis principalmente en el desplazamiento por ramas y vegetación.
Por eso, resulta más preciso plantear la hipótesis de esta manera:
> Quizás antes de convertirse en una herramienta altamente especializada para sujetarse a las ramas, la pata de los primeros trogones conservaba una configuración más versátil, compatible con una gama de movimientos y sustratos mayor que la de sus descendientes actuales.
No podemos saber con certeza cuánto caminaban por el suelo. Pero sí podemos afirmar que la anatomía de sus patas era diferente y que la especialización del famoso “dedo hacia atrás” apareció durante la evolución del grupo.
Un fósil que captura una transición evolutiva
La importancia de Daniatrogon kochi va mucho más allá de descubrir una especie antigua.
Su existencia junto a otros trogoniformes tempranos que ya presentaban estructuras más semejantes a las modernas sugiere que, durante el Eoceno temprano, la evolución del pie heterodáctilo estaba atravesando una etapa de transformación. Los autores incluso señalan que esta diversidad podría representar una transición desde un pie más semejante al de muchas aves actuales hacia el característico pie heterodáctilo de los trogones.
Y hay otro detalle extraordinario: el mismo fósil conserva hueso medular, una estructura asociada a la reproducción en aves, lo que indica que el individuo era una hembra reproductora.
Hace más de 55 millones de años, aquella hembra voló sobre los ecosistemas costeros del norte de Europa. Murió y su esqueleto quedó enterrado entre los sedimentos que posteriormente formarían la Formación Fur.
Millones de años después, sus huesos permiten observar algo que ningún trogón moderno puede mostrarnos directamente:
el momento evolutivo en que una pata relativamente versátil comenzó a transformarse en la extraordinaria pinza que hoy permite a los trogones aferrarse a las ramas.
Y ese pequeño dedo orientado hacia atrás “tan característico de los trogones actuales” no apareció de repente.
Tiene una historia. Y Daniatrogon kochi nos permite asomarnos a uno de sus primeros capítulos.
Fuente científica
Mayr, G. (2026). Evolution of a morphological novelty: exceptional skeleton of an early Eocene trogon (Aves: Trogoniformes) elucidates the origin of a unique foot morphology. Journal of Systematic Palaeontology, 24(2), 2727037. Publicado en línea el 21 de septiembre de 2026.
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