Hace aproximadamente 65 millones de años, cuando los dinosaurios aún dominaban numerosos ecosistemas terrestres, una región que hoy forma parte de Michoacán, México, era escenario del desplazamiento de grandes depredadores y dinosaurios herbívoros. Ahora, sus pasos han vuelto a hacerse visibles: especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) confirmaron el hallazgo de al menos 50 huellas fosilizadas en la comunidad de San Juan de los Plátanos, municipio de Apatzingán.
Un paisaje que conserva las huellas del pasado
El descubrimiento comenzó cuando habitantes de San Juan de los Plátanos advirtieron la presencia de marcas que llamaron la atención por su forma y tamaño. Tras recibir el aviso, el investigador Raymundo Cervantes Barriga, del Centro INAH Michoacán, acudió al lugar y confirmó que se trataba de huellas de dinosaurios carnívoros y herbívoros.
Las pisadas se encuentran sobre una plataforma de roca sedimentaria, en el borde y cauce de un arroyo. Hasta el momento, los especialistas han registrado alrededor de 50 huellas distribuidas en una superficie de unos 40 metros cuadrados, aunque el área aún no ha sido examinada por completo y el número podría aumentar.
Sus dimensiones varían entre 12 y 48 centímetros de longitud, con algunas de hasta 30 centímetros de anchura. Cada una constituye una evidencia de la interacción entre los animales y el terreno que pisaron en un mundo radicalmente distinto al actual.

Tres grupos de dinosaurios en un mismo territorio
Las primeras observaciones morfológicas —basadas en el tamaño, la forma, el número de dedos y la profundidad de las impresiones— sugieren la presencia de huellas atribuibles a tres grupos de dinosaurios.
1. Grandes dinosaurios carnívoros
Algunas huellas podrían corresponder a grandes terópodos, posiblemente tiranosáuridos, animales que podían alcanzar unos cuatro metros de altura según la estimación preliminar recogida por el INAH. Sus pisadas de tres dedos son una de las pistas utilizadas para orientar su identificación.
2. Dinosaurios similares a los raptores
Otro conjunto presenta características compatibles con pequeños terópodos semejantes a los dromeosáuridos (Dromaeosauridae), que podían alcanzar alrededor de dos metros de altura. Sus huellas también muestran tres dedos.
3. Dinosaurios herbívoros de pico de pato
Las marcas restantes presentan rasgos que podrían corresponder a hadrosáuridos (Hadrosauridae), dinosaurios herbívoros que alcanzaban aproximadamente cuatro metros de altura. Sus impresiones muestran tres dedos con extremos redondeados.
Estas identificaciones son preliminares. Los estudios paleontológicos deberán determinar con mayor precisión qué especies o grupos dejaron las pisadas. Una huella fósil, por sí sola, no siempre permite reconocer la especie exacta que la produjo.

Hace 65 millones de años, Apatzingán era otro mundo
Para imaginar el paisaje de aquella época, hay que retroceder hasta el Cretácico tardío. Según las primeras interpretaciones de los especialistas, la región habría contado con cuerpos de agua a los que los dinosaurios se acercaban para alimentarse.
En ese entorno, los grandes depredadores y los herbívoros recorrían el territorio, dejando marcas sobre superficies blandas que, bajo determinadas condiciones geológicas, pudieron conservarse a lo largo de millones de años.
El hallazgo abre una oportunidad para investigar cómo se desplazaban estos animales, en qué dirección caminaban y qué pistas pueden ofrecer sus huellas sobre la posible convivencia entre distintos grupos. Sin embargo, todavía es necesario estudiar los rastros en conjunto antes de reconstruir sus movimientos o comportamientos.
Lo extraordinario es que no se trata únicamente de imaginar dinosaurios a partir de sus esqueletos: en Apatzingán existe una evidencia directa de su paso por el paisaje. Las pisadas permiten acercarse a un instante de la vida prehistórica que quedó registrado en la roca.
Un descubrimiento que apenas comienza
Desde el 21 de octubre de 2026, un equipo de especialistas del INAH trabaja en la documentación y el registro del sitio. Las labores incluyen el análisis de muestras de roca, la fotogrametría —que permite crear representaciones tridimensionales mediante fotografías— y la elaboración de moldes para documentar las huellas.
El yacimiento de Apatzingán se sumaría a otros tres sitios con huellas de dinosaurios identificados previamente en Michoacán: Playa Azul, en Lázaro Cárdenas; El Aguaje, en Aguililla; y la zona limítrofe entre Tiquicheo y Tuzantla.
A escala nacional, el INAH registra poco más de 30 sitios con icnitas de dinosaurios, término científico utilizado para denominar las huellas fósiles de estos animales.

La investigación todavía tiene preguntas por resolver. Los especialistas deberán establecer cuántos grupos estuvieron representados, cómo se formaron y preservaron las pisadas y qué información adicional esconden las superficies que aún no han sido examinadas.
Pero una cosa ya está clara: mucho antes de que existiera Apatzingán como lo conocemos hoy, dinosaurios carnívoros y herbívoros caminaron por esta parte del actual territorio mexicano. Millones de años después, sus huellas nos ofrecen una ventana excepcional a un mundo desaparecido y recuerdan que el paisaje también puede guardar las historias más antiguas de la Tierra.
Fuente: Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), Boletín n.º 494, 26 de octubre de 2026.
Enlace institucional: Instituto Nacional de Antropología e Historia