Entre miles de ejemplares almacenados durante décadas en las colecciones del Museo de Historia Natural de Londres apareció un pequeño insecto que nadie había estudiado con suficiente detalle.
Aquella diminuta avispa parasitoide resultó pertenecer no solamente a una especie desconocida, sino también a un nuevo género para la ciencia, denominado Attenboroughnculus, cuyo único representante conocido es Attenboroughnculus tau.
Este descubrimiento posee un enorme valor científico porque la subfamilia Pedunculinae es una de las más raras del mundo. Antes de este trabajo únicamente se conocían tres géneros y tres especies; ahora la diversidad conocida aumenta significativamente.
El nombre del nuevo género constituye un homenaje al legendario naturalista David Attenborough, cuya obra ha inspirado durante décadas el estudio y la conservación de la biodiversidad mundial.
Su nombre específico, tau, hace referencia a una llamativa marca con forma de la letra griega Τ presente sobre el abdomen del insecto.
Como ocurre con la mayoría de las avispas parasitoides, probablemente desempeña un papel ecológico fundamental regulando poblaciones de otros insectos y manteniendo el equilibrio natural de los ecosistemas.
Su estado de conservación aún es desconocido debido a que solamente se dispone del material estudiado en colecciones científicas.
