La civilización oculta de la Amazonia: más de 20.000 monumentos revelan un pasado que permaneció escondido bajo la selva

Durante siglos la selva guardó el secreto

 

 

Durante generaciones, la inmensa Amazonia fue considerada el último gran bosque virgen del planeta. Un océano verde donde la naturaleza parecía haber reinado casi sin intervención humana durante miles de años. Sin embargo, cada temporada seca, cuando el humo de los incendios o la deforestación dejaban al descubierto fragmentos del suelo, aparecían extrañas figuras geométricas: enormes círculos, cuadrados y octágonos excavados en la tierra que nadie lograba explicar completamente.

Al principio parecían hallazgos aislados. Después fueron decenas. Más tarde cientos.

Pero nadie imaginaba que aquellas misteriosas zanjas fueran apenas la punta de un continente arqueológico oculto bajo el dosel del bosque.

Ahora, gracias a una de las exploraciones con tecnología LiDAR más extensas realizadas en la Amazonia sudoccidental, los científicos han revelado una realidad sorprendente: bajo la selva permanece escondida una gigantesca red de monumentos construidos por una antigua civilización que transformó el paisaje hace más de dos mil años.


Una civilización mucho mayor de lo que se imaginaba

El estudio se concentró principalmente en el estado brasileño de Acre, aunque también abarcó sectores de Amazonas, Rondônia, además de zonas limítrofes de Bolivia y Perú. Durante décadas se conocían cerca de 1.300 estructuras arqueológicas visibles en áreas deforestadas, pero el verdadero desafío consistía en descubrir lo que permanecía oculto bajo el espeso bosque tropical.

Para lograrlo, los investigadores emplearon tecnología LiDAR (Light Detection and Ranging), capaz de atravesar parcialmente la vegetación mediante pulsos láser y reconstruir el relieve del terreno con extraordinaria precisión.

La expedición aérea recorrió más de 4.430 kilómetros y cartografió cerca de 4.500 kilómetros cuadrados de selva. Lo que apareció bajo la cubierta vegetal superó todas las expectativas: 432 estructuras arqueológicas, de las cuales 396 eran completamente desconocidas, demostrando que la mayoría de estos monumentos permanecían invisibles para los satélites convencionales.

Las áreas sombreadas representan una reconstrucción basada en los límites propuestos por el estudio y en la distribución estimada de los geoglifos mediante imágenes satelitales y tecnología LiDAR. No corresponden a la localización exacta de todos los sitios arqueológicos.
Ilustración generada mediante inteligencia artificial modelo OpenAI (ChatGPT, GPT-5.5) y editada por Ciencias Nacionales (2026).

Las construcciones corresponden a enormes terraplenes rodeados por zanjas con patrones geométricos casi perfectos. Existen estructuras circulares, cuadradas, rectangulares, octogonales y poligonales que abarcan desde 0,35 hectáreas hasta casi 50 hectáreas, con zanjas de 9 a 13 metros de ancho y profundidades que alcanzan los cinco metros.

Los investigadores consideran que estos monumentos no fueron fortalezas militares, sino grandes centros ceremoniales, políticos y sociales donde distintas comunidades se reunían periódicamente para celebrar rituales, intercambiar conocimientos y fortalecer sus vínculos culturales.

Gracias a los nuevos datos, el territorio ocupado por esta cultura —denominada Aquiry— se amplió de unos 60.000 km² estimados anteriormente a aproximadamente 183.000 km², un área similar al tamaño conjunto de varios países centroamericanos.

Pero el hallazgo más extraordinario llegó cuando los científicos extrapolaron los resultados obtenidos mediante LiDAR al resto del territorio.

Sus cálculos indican que la región pudo albergar entre 24.000 y 30.000 estructuras monumentales, una cifra que por sí sola iguala o incluso supera todas las estimaciones anteriores realizadas para la Amazonia completa. Asimismo, estiman que entre los años 100 y 300 d. C. esta civilización pudo haber alcanzado una población de 1,25 a 3 millones de habitantes, transformando profundamente el bosque mediante agricultura, manejo de especies vegetales y una compleja organización social.


La Amazonia nunca fue un bosque vacío

Este descubrimiento obliga a replantear una de las ideas más arraigadas sobre la historia sudamericana.

Durante mucho tiempo se creyó que las poblaciones amazónicas habían sido pequeñas y dispersas. Sin embargo, la evidencia demuestra que existieron sociedades altamente organizadas capaces de planificar obras monumentales, aplicar conocimientos avanzados de geometría, coordinar enormes cantidades de trabajadores y modificar el paisaje durante más de 1.500 años.

Lejos de destruir el bosque, estas comunidades convivieron con él. Diversas evidencias indican que cultivaban maíz, calabaza, yuca, batata, fríjoles, maní y ají, además de favorecer especies como la castaña amazónica y numerosas palmas, dejando una huella que aún hoy puede observarse en la composición del bosque tropical.

Los autores sostienen que este legado debería incorporarse no solo a los estudios arqueológicos, sino también a las investigaciones sobre biodiversidad, restauración ecológica, planificación territorial e incluso a los modelos que buscan comprender el funcionamiento climático global. Si descubrimientos similares aparecen en otras regiones amazónicas, será necesario reescribir la historia demográfica de la mayor selva tropical del planeta.

El estudio fue publicado en la revista Nature bajo el título “Over 20,000 precolonial earthworks in the Southwest Amazonia”, liderado por Martti Pärssinen y colaboradores, constituyendo uno de los avances arqueológicos más significativos sobre la Amazonia precolonina en las últimas décadas.

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