Equal Earth: el mapa que desafía a Mercator y nos acerca al tamaño real de los continentes

Durante más de cuatro siglos, uno de los mapas más famosos del planeta nos enseñó una Tierra que, aunque útil para navegar, deformaba silenciosamente el tamaño de sus continentes. Ahora Naciones Unidas impulsa una nueva forma de representarla.

 

Durante generaciones, millones de niños aprendieron geografía mirando el mismo mundo.

Europa aparecía arriba. África parecía relativamente pequeña. Groenlandia podía parecer casi tan grande como todo el continente africano. Canadá y Rusia se extendían como gigantes hacia los extremos del planeta.

Pero había un problema.

La Tierra no es así.

No porque el planeta haya cambiado, sino porque los mapas cambian la manera en que lo vemos.

El 4 de septiembre de 2026, la Asamblea General de las Naciones Unidas dio un nuevo paso en esa larga historia cartográfica al respaldar una resolución promovida por Togo que busca corregir las distorsiones de las representaciones mundiales y fomentar mapas que reflejen con mayor fidelidad el tamaño relativo de las masas continentales. La resolución recibió 164 votos favorables, seis abstenciones y un único voto en contra: Estados Unidos.

Entre las alternativas promovidas aparece una protagonista relativamente joven: Equal Earth.

Y detrás de este cambio hay una pregunta mucho más profunda de lo que parece:

¿Cuánto influye un mapa en la manera en que imaginamos nuestro propio planeta?


Mapa de Mercator de 1569
Gerardo Mercator

El problema comenzó hace más de 450 años

En 1569, el cartógrafo flamenco Gerardus Mercator publicó una de las representaciones cartográficas más influyentes de la historia.

Su proyección tenía una virtud extraordinaria: permitía representar determinadas rutas de navegación de manera particularmente útil para los marineros.

Las líneas de rumbo constante podían representarse como líneas rectas.

Para la navegación oceánica de la época, aquello era revolucionario.

Pero había un precio.

La proyección Mercator no conserva el tamaño de las superficies.

Mapa de la proyección de planeta tierra según Mercator.

A medida que nos alejamos del ecuador y nos aproximamos a los polos, las áreas aparecen progresivamente ampliadas. National Geographic utiliza precisamente la comparación entre África y Groenlandia para explicar el fenómeno: aunque en muchos mapas Mercator parecen relativamente similares, África tiene aproximadamente 14 veces la superficie de Groenlandia.

La distorsión no fue un error de Mercator.

Era una consecuencia matemática de intentar transformar una superficie curva —la Tierra— en una superficie plana.

Y aquí aparece una de las primeras lecciones de la cartografía:

No existe un mapa plano perfecto de una esfera.

Cada proyección debe sacrificar alguna propiedad.

Puede deformar áreas, formas, distancias o direcciones.

La pregunta, por tanto, nunca ha sido simplemente:

“¿Cuál es el mapa correcto?”

Sino:

“¿Qué queremos preservar cuando dibujamos el mundo?”


Un planeta que no cabe en una hoja

Imaginemos que intentamos pelar una naranja y extender perfectamente su cáscara sobre una mesa.

La cáscara se rompería, se estiraría o se deformaría.

La Tierra plantea exactamente ese problema.

Es aproximadamente esférica, pero nosotros queremos convertirla en una superficie plana.

Mercator decidió preservar propiedades especialmente útiles para la navegación.

Otras proyecciones buscaron preservar las áreas.

Otras intentaron conservar una apariencia visual equilibrada.

Y otras intentaron minimizar simultáneamente diferentes tipos de distorsión.

Por eso Mercator no es simplemente un “mal mapa”.

Es una herramienta extraordinariamente útil para determinados propósitos.

El problema aparece cuando utilizamos una herramienta diseñada principalmente para navegación para enseñar a los estudiantes cómo son realmente las dimensiones relativas de los continentes.


África y Groenlandia: la ilusión que revela el problema

Hay una comparación que se ha convertido prácticamente en un experimento de percepción geográfica.

África frente a Groenlandia.

En la representación Mercator, Groenlandia parece enorme.

Pero sobre la superficie real del planeta ocurre algo completamente diferente.

África posee alrededor de 30,3 millones de km², mientras que Groenlandia tiene aproximadamente 2,17 millones de km².

Eso significa que África es unas 14 veces más grande.

La diferencia resulta difícil de imaginar cuando hemos pasado años observando mapas donde ambas masas terrestres parecen sorprendentemente comparables.

Y esa es precisamente la cuestión que ha reabierto el debate:

un mapa no solamente representa el mundo; también construye una imagen mental del mundo.


Mapamundi con la proyección Equal Earth

Entonces aparece Equal Earth

En 2018, los cartógrafos Bojan Šavrič, Tom Patterson y Bernhard Jenny presentaron una nueva proyección mundial.

La llamaron:

Equal Earth — Tierra Igual.

Su objetivo era diferente.

En lugar de intentar conservar las propiedades geométricas que hicieron famosa a Mercator, Equal Earth fue diseñada como una proyección de área equivalente.

Eso significa que mantiene las proporciones relativas de las superficies.

África no necesita “crecer” artificialmente.

Europa no necesita “encogerse” para corregir una comparación concreta.

Simplemente, las áreas mantienen una relación mucho más fiel a la realidad terrestre.

La proyección fue concebida, además, buscando una apariencia visual más equilibrada que otras proyecciones de área equivalente, particularmente Gall-Peters. Su forma recuerda parcialmente a la conocida proyección Robinson, aunque —a diferencia de Robinson— Equal Earth conserva las áreas relativas.


Pero Equal Earth tampoco es “el mapa perfecto”

Aquí conviene detenerse.

Porque sustituir un mito por otro no sería hacer buena divulgación científica.

Equal Earth también distorsiona.

La diferencia está en qué propiedad decide preservar.

Equal Earth conserva las áreas relativas, pero no puede mantener simultáneamente todas las formas, distancias y direcciones exactamente como aparecen sobre una esfera.

Es una solución cartográfica.

No una fotografía de la Tierra.

Los propios desarrolladores la diseñaron buscando un equilibrio entre fidelidad de las superficies y una representación visual agradable.

Por eso sería incorrecto afirmar:

“Mercator es falso y Equal Earth es verdadero”.

Una formulación científicamente más precisa sería:

Mercator responde mejor a determinadas necesidades de navegación; Equal Earth responde mejor a la comparación de superficies continentales.


El mapa también puede convertirse en una cuestión de poder

La iniciativa que llegó a Naciones Unidas fue impulsada por Togo y respaldada ampliamente por países africanos y otros Estados.

Su argumento es sencillo pero poderoso:

Si los mapas utilizados durante décadas muestran sistemáticamente mayores las regiones cercanas a los polos y reducen visualmente las zonas tropicales, ¿qué ocurre cuando esas imágenes se convierten en la primera representación que millones de estudiantes tienen del planeta?

La campaña #CorrectTheMap ha convertido esa pregunta en un debate internacional sobre representación geográfica.

Pero aquí también debemos ser cuidadosos.

Mercator no fue diseñado para representar una visión política de superioridad europea.

Fue creado en el siglo XVI para resolver un problema práctico de navegación.

La interpretación política viene después, cuando una determinada representación cartográfica se convierte durante siglos en una imagen cotidiana del mundo.

La historia colonial y la historia de la cartografía se cruzan, pero no deben confundirse.


 ¿Qué decidió realmente Naciones Unidas?

Aquí existe una diferencia fundamental entre el titular y la realidad.

La Asamblea General no eliminó Mercator de los mapas del planeta.

Tampoco existe una obligación internacional que impida utilizarlo.

La resolución aprobada es no vinculante y busca promover representaciones que reflejen mejor las proporciones reales de las superficies terrestres, particularmente en contextos educativos e institucionales.

Por ello, Mercator continuará teniendo aplicaciones legítimas, especialmente en navegación y determinados sistemas cartográficos.

Lo que puede cambiar es algo mucho más cotidiano:

qué mapa encontramos en un aula, en un libro de geografía, en una infografía o en determinadas plataformas digitales.

Y ese cambio puede tener consecuencias culturales importantes.


¿Y quién votó en contra?

La pregunta que inevitablemente acompaña al anuncio es:

¿Quién fue el único país que votó en contra?

Estados Unidos.

La resolución obtuvo 164 votos a favor, seis abstenciones y un voto negativo.

Washington cuestionó la iniciativa y sostuvo que Naciones Unidas estaba concentrándose en una cuestión que consideraba alejada de problemas internacionales más urgentes.

Pero incluso aquí hay que separar la controversia política de la ciencia cartográfica.

El voto estadounidense no demuestra que Mercator sea científicamente superior.

Del mismo modo, la enorme mayoría favorable a la resolución tampoco demuestra que Equal Earth sea la solución perfecta para todos los usos cartográficos.

La ciencia detrás de las proyecciones es mucho más interesante que el enfrentamiento político.


 Un mapa puede cambiar nuestra percepción sin cambiar la Tierra

Quizá esa sea la parte más fascinante de esta historia.

Durante siglos, los seres humanos hemos intentado convertir un planeta tridimensional en una imagen bidimensional.

Y cada vez que lo hacemos debemos tomar decisiones.

¿Qué debe permanecer intacto?

¿Las áreas?

¿Las formas?

¿Las distancias?

¿Las direcciones?

¿La apariencia visual?

No podemos conservarlo todo.

Por eso cada mapa es también una elección matemática.

Y, en cierto sentido, una elección cultural.

La llegada de Equal Earth no significa que finalmente hayamos encontrado “el mapa verdadero”.

Significa algo más interesante:

hemos comenzado a cuestionar qué queremos que un mapa nos cuente sobre nuestro planeta.


Del mapa que navegaba océanos al mapa que quiere explicar el planeta

Mercator nació en una época de exploradores, barcos de vela y grandes travesías oceánicas.

Más de cuatro siglos después, Equal Earth nació en un mundo de satélites, sistemas de información geográfica, mapas digitales y visualizaciones científicas.

Dos épocas.

Dos necesidades.

Dos maneras de mirar la misma Tierra.

Y quizá el verdadero cambio no sea que un mapa sustituya a otro.

Quizá sea que aprendamos a dejar de pensar que existe una única manera de dibujar nuestro planeta.

Porque cuando observamos un mapa, no estamos mirando la Tierra directamente.

Estamos mirando una interpretación matemática de ella.

Y algunas interpretaciones pueden hacer que un continente parezca gigantesco, que otro parezca pequeño o que determinadas regiones del planeta ocupen mucho más espacio en nuestra imaginación.

La Tierra, sin embargo, no ha cambiado.

Lo que está cambiando es la manera en que la dibujamos.


Una última mirada al planeta

La próxima vez que observes un mapamundi, detente unos segundos.

Busca África.

Después busca Groenlandia.

Y recuerda que entre ambas existe una diferencia de superficie cercana a un orden de magnitud: África es unas 14 veces mayor.

Después pregúntate:

¿Cuántas veces hemos confundido el mapa con el territorio?

Tal vez la verdadera revolución de Equal Earth no consista solamente en cambiar una proyección por otra.

Tal vez consista en enseñarnos algo mucho más antiguo y mucho más profundo:

que la forma en que representamos el mundo también influye en la forma en que lo comprendemos.


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Fuentes principales: Naciones Unidas; International Journal of Geographical Information Science; National Geographic Education; Equal Earth / trabajos de Šavrič, Patterson y Jenny.