Mucho antes del arco y la flecha: descubren las evidencias más antiguas de una sofisticada tecnología de caza en los Andes

Hace cinco mil años, cuando el desierto más árido del planeta aún resonaba con los pasos de cazadores y pescadores

El amanecer rompe lentamente sobre la costa del desierto de Atacama. Frente al inmenso océano Pacífico, donde las olas golpean con fuerza los acantilados, un pequeño grupo de cazadores observa el horizonte. Algunos regresan del mar con peces y mariscos; otros se preparan para internarse tierra adentro, donde las laderas desérticas esconden rebaños de guanacos y otros camélidos silvestres.

En sus manos no llevan arcos ni flechas.

Empuñan una herramienta extraordinaria: un propulsor de lanzas, conocido también como estólica o atlatl, un ingenioso dispositivo capaz de multiplicar la fuerza y el alcance de un proyectil mucho antes de que el arco dominara los paisajes sudamericanos.

Durante décadas, estos objetos permanecieron prácticamente olvidados en una colección arqueológica chilena. Hoy, gracias a nuevas técnicas de datación por radiocarbono y a la revisión de antiguas excavaciones, un equipo internacional ha demostrado que estas armas representan las evidencias directamente fechadas más antiguas conocidas de esta tecnología en toda la región andina, revelando un capítulo desconocido de la innovación tecnológica de los primeros habitantes de Sudamérica.

Un tesoro arqueológico redescubierto medio siglo después

La historia comenzó en la década de 1970, cuando arqueólogos excavaron el sitio Caleta Huelén 42, ubicado cerca de la desembocadura del río Loa, en el norte de Chile.

El lugar corresponde a una antigua aldea de cazadores-recolectores del período Arcaico Tardío, ocupada entre hace aproximadamente 6.500 y 4.000 años. Allí existían más de un centenar de estructuras semisubterráneas, entierros colectivos y abundantes evidencias de una sociedad costera sorprendentemente compleja, conectada mediante redes de intercambio con comunidades del interior andino.

Entre miles de objetos aparecieron doce misteriosos propulsores de madera.

Sin embargo, durante décadas casi nadie volvió a estudiarlos.

Cincuenta años después, los investigadores localizaron nueve de esas piezas conservadas en el museo de la Universidad de Antofagasta y emprendieron una investigación completamente nueva, combinando análisis tecnológicos, documentación histórica inédita y dataciones por radiocarbono realizadas directamente sobre la madera de dos de los artefactos.

Las primeras fechas directas para esta tecnología en los Andes

Hasta ahora, numerosos arqueólogos sospechaban que los propulsores habían sido utilizados mucho antes de la aparición del arco y la flecha.

Sin embargo, las pruebas disponibles eran indirectas: se basaban en los contextos arqueológicos donde aparecían o en el análisis de puntas de proyectil.

Este nuevo estudio cambia esa situación.

Las muestras obtenidas de dos propulsores revelaron edades cercanas a los 5.000 años antes del presente, convirtiéndolos en los ejemplares directamente fechados más antiguos conocidos en toda la cordillera de los Andes.

Este resultado proporciona una base cronológica mucho más sólida para comprender cuándo comenzaron a utilizarse estas sofisticadas armas de lanzamiento en Sudamérica.

Los lanzadores de lanzas y sus contextos de Caleta Huelén 42 analizados en este artículo: A) corte 7, sección 7, capa II (N°99.1.2197); B) corte 5, sección 4, capa V (N°2001.1.2555); C) estructura 2, capa IV (N°2001.1.2565); D) estructura 5 (N°2001.1.2572); E) estructura 4, capa III (N°2001.1.2574); F) contexto desconocido (N°2001.1.2573); G) estructura 6, capa IIIb (N°2001.1.2566); H) estructura 2, capa IIb (N°2001.1.2558); I) estructura 1, capa III (N°2001.1.2557). Figuras: © El/los autor/es, 2026. Publicado por Cambridge University Press en nombre de Antiquity Publications Ltd.

 

Una ingeniería sorprendente para la Edad de Piedra

Lejos de ser simples palos de madera, los propulsores muestran un diseño notablemente elaborado.

Los investigadores descubrieron que muchos estaban cuidadosamente tallados a partir de maderas duras, pulidos con precisión y equipados con diferentes componentes tecnológicos.

Algunos conservan empuñaduras revestidas con cuero o tendones animales; otros presentan ganchos elaborados en hueso para sostener los dardos e incluso restos de pigmentos rojos utilizados como decoración. También identificaron perforaciones destinadas probablemente a sujetar correas que mejoraban el agarre durante el lanzamiento.

Toda esta combinación de materiales revela un profundo conocimiento de ingeniería, biomecánica y manufactura mucho antes del desarrollo de las tecnologías metálicas.

¿Qué cazaban realmente estos antiguos habitantes del Atacama?

Aunque el asentamiento estaba ubicado junto al océano y sus habitantes dependían ampliamente de los recursos marinos, el estudio propone una hipótesis fascinante.

Los investigadores consideran que estos propulsores probablemente no se utilizaban para la pesca ni para la caza marina.

En cambio, habrían sido diseñados principalmente para capturar camélidos, como guanacos y vicuñas, animales fundamentales para obtener carne, cuero, huesos y tendones empleados en la fabricación de otras herramientas.

La hipótesis se apoya tanto en la abundancia de restos de camélidos encontrados en la región como en la similitud de estos propulsores con otros utilizados por poblaciones del interior andino especializadas en la caza terrestre. No obstante, los autores también reconocen que algunos pudieron emplearse en conflictos entre personas o incluso haber servido para entrenar a jóvenes cazadores, posibilidades que deberán evaluarse en futuras investigaciones.

Una tecnología compartida entre la costa y el interior de los Andes

Uno de los aspectos más interesantes del estudio es que estos propulsores no parecen representar una invención aislada.

Sus características tecnológicas muestran semejanzas con hallazgos realizados en otras regiones de Chile y del noroeste argentino, separados por cientos de kilómetros.

Estas coincidencias sugieren la existencia de contactos e intercambios de conocimientos entre comunidades costeras y grupos del interior andino hace cinco milenios, mucho antes del surgimiento de las grandes civilizaciones prehispánicas.

La innovación tecnológica, por tanto, pudo haberse difundido mediante redes sociales y culturales mucho más dinámicas de lo que tradicionalmente se pensaba.

Cuando los museos todavía guardan historias por descubrir

Quizá la enseñanza más importante de esta investigación no proviene únicamente de los objetos.

Proviene del hecho de que permanecieron medio siglo almacenados antes de revelar toda su importancia.

Los autores destacan que volver a estudiar colecciones arqueológicas y antiguos archivos de excavación puede transformar nuestra comprensión del pasado sin necesidad de realizar nuevas excavaciones. Además, subrayan que analizar las herramientas completas —y no solo fragmentos como puntas de proyectil o ganchos de hueso— permite reconstruir con mayor precisión las antiguas tecnologías de caza.

Una nueva mirada sobre los primeros cazadores sudamericanos

Durante mucho tiempo se creyó que la evolución de las armas prehistóricas en Sudamérica seguía una historia relativamente sencilla.

Hoy sabemos que fue mucho más compleja.

Los propulsores de Caleta Huelén 42 demuestran que hace al menos cinco mil años los pueblos andinos ya dominaban tecnologías sofisticadas, cuidadosamente diseñadas y transmitidas entre generaciones.

Pero quizá este descubrimiento sea apenas el comienzo.

Los propios investigadores consideran posible que esta tradición tecnológica sea aún más antigua y que futuras investigaciones encuentren evidencias que retrocedan todavía más el origen de estas armas en Sudamérica. Cada museo, cada colección olvidada y cada pieza arqueológica aún sin estudiar podría contener una nueva página de la historia humana esperando ser revelada.

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