Un estudio internacional revela que los paleoindios tempranos se especializaron en la caza de mamuts, gonfoterios y perezosos gigantes, una adaptación que habría impulsado la rápida expansión humana desde Alaska hasta la Patagonia hace más de 13.000 años.
América, hace más de 13.000 años
Mucho antes de que existieran ciudades, agricultura o caminos, el continente americano estaba dominado por criaturas colosales. Mamuts lanudos recorrían las frías estepas de Beringia; mamuts colombinos deambulaban por las grandes llanuras de Norteamérica; mientras enormes perezosos terrestres, gonfoterios, caballos nativos y gliptodontes habitaban los diversos paisajes de Sudamérica.
En ese escenario apareció un nuevo depredador.
No era el más fuerte ni el más rápido. Apenas portaba lanzas de piedra cuidadosamente elaboradas, una extraordinaria capacidad para cooperar y un profundo conocimiento del comportamiento animal. Sin embargo, esas habilidades serían suficientes para convertir a los primeros americanos en uno de los cazadores más exitosos del final del Pleistoceno.
Durante años, muchos investigadores sostuvieron que estos grupos humanos eran cazadores oportunistas que aprovechaban cualquier recurso disponible. Sin embargo, un amplio estudio publicado en Science Advances presenta una conclusión diferente: los primeros paleoindios del continente habrían desarrollado una sorprendente especialización en la caza de los mayores herbívoros de América.
Especialistas en gigantes: una estrategia para conquistar un continente
Los investigadores analizaron medio centenar de yacimientos arqueológicos distribuidos desde Alaska hasta la Patagonia, comparando restos de animales, herramientas de piedra, patrones de movilidad y biomasa disponible para reconstruir la dieta de estas antiguas poblaciones.
El resultado fue contundente.
En las tres grandes regiones estudiadas, la mayor parte de los alimentos consumidos procedía de animales de más de una tonelada de peso:
- En Beringia, el principal recurso fue el mamut lanudo.
- En Norteamérica, predominó el mamut colombino.
- En Sudamérica, los cazadores concentraron sus esfuerzos en gonfoterios y enormes perezosos terrestres.
Lejos de representar capturas ocasionales, estos animales constituían el núcleo de la economía alimentaria paleoindia. Según los cálculos del estudio, más del 99 % de la biomasa comestible recuperada en los sitios arqueológicos procede de megafauna, mientras que pequeños mamíferos, aves y otros recursos representan una fracción prácticamente insignificante.
¿Por qué preferían los grandes herbívoros?
La respuesta no parece estar relacionada únicamente con el tamaño.
Los megaherbívoros ofrecían una combinación excepcional de ventajas energéticas. Un solo mamut o un gran perezoso terrestre proporcionaba enormes cantidades de carne y grasa, suficientes para alimentar a un grupo humano durante largos periodos.
Además, estos animales eran relativamente lentos comparados con otros herbívoros más pequeños, se desplazaban siguiendo rutas conocidas y, una vez abatidos, proporcionaban millones de kilocalorías en una sola captura. Los autores señalan que la grasa era especialmente valiosa porque aportaba más del doble de energía por gramo que las proteínas o los carbohidratos, convirtiéndose en un recurso esencial para grupos altamente móviles.
En Sudamérica, por ejemplo, los enormes perezosos terrestres incluso podían ofrecer más energía utilizable que algunos gonfoterios, lo que explica por qué ambas especies aparecen como presas recurrentes en los registros arqueológicos.
Una tecnología diseñada para cazar colosos
Esta especialización también quedó registrada en sus herramientas.
Las puntas Clovis de Norteamérica y las puntas cola de pescado de Sudamérica no fueron armas improvisadas. Eran instrumentos cuidadosamente fabricados para penetrar la gruesa piel de animales enormes, acompañados por cuchillos de piedra y útiles destinados al procesamiento de grandes cadáveres.
Curiosamente, los investigadores destacan la ausencia de instrumentos asociados al procesamiento intensivo de plantas, molinos de piedra o implementos especializados para la pesca en los conjuntos arqueológicos más antiguos, lo que refuerza la hipótesis de una economía centrada principalmente en la caza de grandes mamíferos.
Siguiendo a los gigantes por todo el continente
La especialización también ayuda a explicar uno de los mayores enigmas de la arqueología americana: la extraordinaria velocidad con la que nuestra especie ocupó dos continentes.
En apenas unos pocos siglos, grupos humanos pasaron desde Alaska hasta el extremo austral de Sudamérica.
En lugar de adaptarse lentamente a cada ecosistema local, estos cazadores siguieron un recurso que estaba presente prácticamente en todas partes: los grandes herbívoros.
Mamuts en el norte.
Mamuts colombinos en las grandes planicies.
Gonfoterios, perezosos gigantes y otros grandes mamíferos en Sudamérica.
De esta forma, los primeros americanos pudieron atravesar tundras, bosques, sabanas y estepas sin modificar radicalmente su modo de vida. Eran especialistas alimentarios, pero extraordinariamente flexibles desde el punto de vista ecológico.
Cuando desaparecieron los gigantes, cambió toda una forma de vida
La estrategia funcionó durante siglos.
Pero hacia el final del Pleistoceno la megafauna comenzó a desaparecer.
Con la extinción progresiva de mamuts, gonfoterios y perezosos gigantes, aquellas sociedades tuvieron que transformar profundamente sus formas de subsistencia.
En Norteamérica surgieron culturas especializadas en bisontes y caribúes.
En Sudamérica, las grandes puntas cola de pescado fueron reemplazadas por armas más pequeñas adaptadas a la caza de guanacos, venados y otros animales de menor tamaño.
La desaparición de los gigantes no solo modificó la dieta humana; también impulsó una diversificación cultural que marcaría el comienzo de nuevas tradiciones arqueológicas en todo el continente.
Una nueva mirada sobre los primeros americanos
Durante décadas, la imagen predominante describía a los primeros habitantes de América como cazadores versátiles que aprovechaban cualquier recurso disponible.
Este estudio propone una interpretación distinta.
La evidencia acumulada desde Alaska hasta la Patagonia sugiere que los primeros paleoindios desarrollaron una estrategia altamente especializada basada en la caza de megaherbívoros. Esa decisión habría proporcionado la enorme cantidad de energía necesaria para sostener poblaciones muy móviles, recorrer miles de kilómetros y colonizar uno de los continentes más extensos del planeta en un tiempo sorprendentemente breve.
En otras palabras, antes que agricultores o recolectores, los primeros grandes exploradores de América fueron cazadores de gigantes.
