Huevos de titanosaurios hallados en la Patagonia austral revelan que estos gigantes se reproducían a 55–60° de latitud sur, mientras que otras especies alcanzaron las regiones polares del hemisferio norte.
Cuando los dinosaurios llegaron hasta los confines fríos del planeta
Durante mucho tiempo, imaginar un dinosaurio significaba imaginar un paisaje cálido: bosques exuberantes, llanuras tropicales y volcanes humeantes bajo un sol intenso.
Pero el mapa de los dinosaurios era mucho más grande.
Muy lejos de los ambientes ecuatoriales, algunos dinosaurios no avianos llegaron a habitar ecosistemas situados en latitudes donde los inviernos podían significar meses con muy poca luz solar y temperaturas considerablemente menores que las de las regiones tropicales.
En el extremo norte, dinosaurios vivieron en lo que hoy conocemos como Siberia y Alaska. Y ahora, una investigación publicada en 2026 aporta una nueva evidencia extraordinaria desde el extremo austral de Sudamérica: titanosaurios que no solamente vivieron en la Patagonia, sino que aparentemente se reproducían allí.
La historia de los dinosaurios, una vez más, se está alejando del Ecuador.
Un planeta de dinosaurios mucho más grande
La nueva investigación analiza 255 fragmentos de cáscara de huevo encontrados en la Formación Chorrillo, en la provincia de Santa Cruz, en el extremo sur de Argentina. Los sedimentos corresponden al Maastrichtiense, hacia el final del Cretácico, hace aproximadamente 66–70 millones de años.
La localidad se encontraba entonces aproximadamente entre 55 y 60 grados de latitud sur.
Eso es extraordinariamente lejos del Ecuador.
Las cáscaras pertenecen al ootaxón Fusioolithus, un tipo de huevo conocido en otras regiones de Gondwana y que probablemente corresponde a dinosaurios titanosaurios. En la misma formación existen restos esqueléticos de titanosaurios, incluido el posible colososaurio Nullotitan glaciaris, además de dientes de titanosaurios encontrados en el mismo sitio donde aparecieron las cáscaras.
No se trata, por tanto, simplemente de encontrar un hueso aislado de dinosaurio en una región meridional.
Aquí hay evidencia de reproducción.
Y eso cambia considerablemente la historia.
La pista estaba dentro de los huevos
Los investigadores encontraron que las cáscaras tenían una porosidad elevada.
La estructura de esos huevos es compatible estadísticamente con huevos incubados en nidos cubiertos, es decir, enterrados o completamente rodeados por material del nido. El análisis discriminante los agrupó con los huevos de dinosaurios que utilizaban este tipo de estrategia con una probabilidad posterior superior al 99,8 %.
¿Por qué es importante?
Porque en un ambiente de altas latitudes, donde la radiación solar podía ser insuficiente durante determinadas estaciones, enterrar los huevos ofrecía una alternativa.
El calor necesario para la incubación pudo haber procedido de la descomposición microbiana de materia vegetal dentro del montículo del nido.
Los autores consideran que esta posibilidad es plausible, aunque son cuidadosos: el estudio no demuestra de manera definitiva cuál fue la fuente exacta del calor. La actividad geotérmica tampoco está evidenciada en esta localidad.
En otras palabras, aquellos titanosaurios pudieron haber convertido materia vegetal en una especie de incubadora natural.
¿Vivían realmente en un mundo helado?
Aquí aparece una de las claves para comprender esta historia.
Decir que los dinosaurios llegaron a regiones “frías” es correcto.
Decir que vivieron en ambientes idénticos a la Siberia o Patagonia actuales sería engañoso.
La Patagonia austral del Maastrichtiense tenía un clima templado a cálido y estacionalmente húmedo. Las reconstrucciones citadas por el estudio estiman una temperatura media anual de aproximadamente 13,4 °C, con un intervalo de 12,1–14,5 °C.
Es decir:
frío para un dinosaurio imaginado bajo un sol tropical, pero no necesariamente un paisaje cubierto permanentemente de hielo.
Y esa distinción es fundamental.
La verdadera hazaña evolutiva no fue sobrevivir en un glaciar.
Fue poder vivir y reproducirse muy lejos del Ecuador, bajo un régimen de luz estacional y temperaturas mucho menores que las de las regiones tropicales.
Y al otro lado del planeta estaba Siberia
La evidencia del hemisferio norte hace todavía más sorprendente la historia.
En el noreste de Rusia, la Formación Kakanaut se encontraba aproximadamente a 70–75° N durante el Cretácico tardío.
Allí se han encontrado restos de dinosaurios hadrosáuridos y terópodos, incluyendo fragmentos de cáscaras de huevo, una evidencia directa de reproducción en latitudes polares.
Investigaciones posteriores también han documentado hadrosáuridos adultos en esta región y han interpretado que estos dinosaurios pudieron ser residentes durante todo el año en ecosistemas de altas latitudes.
Y Siberia no estaba sola.
En Alaska, los investigadores han encontrado huesos perinatales —animales extremadamente jóvenes— pertenecientes a diversas clases de dinosaurios.
Un estudio publicado en Current Biology encontró evidencia de reproducción de dinosaurios en el norte de Alaska a latitudes superiores a 75° N, incluyendo dinosaurios herbívoros y terópodos. Los autores interpretaron estos hallazgos como evidencia de poblaciones que probablemente permanecían allí durante todo el año.
Eso resulta extraordinario.
Porque significa que algunos dinosaurios no simplemente llegaban temporalmente al Ártico.
Podían nacer allí.
Dinosaurios en los extremos
Cuando colocamos todas estas evidencias sobre un mapa, aparece una imagen completamente diferente de la Era de los Dinosaurios.
En el norte:
Siberia → 70–75° N
Alaska → >75° N
Alberta → alrededor de 60° N
Y ahora, en el extremo sur:
Patagonia austral → 55–60° S
La nueva investigación señala que los huevos de Fusioolithus encontrados en Chorrillo representan la mayor paleolatitud conocida para huevos definitivos de dinosaurios en el hemisferio sur y la mayor paleolatitud registrada para huevos de titanosaurios.
El contraste es fascinante.
Los titanosaurios —algunos de los animales terrestres más gigantescos que jamás caminaron sobre la Tierra— no estaban confinados a las regiones cálidas cercanas al Ecuador.
También conquistaron las altas latitudes.
El verdadero desafío: sobrevivir sin sol
Para un animal que pone huevos, las altas latitudes plantean un problema especialmente difícil.
No basta con encontrar alimento.
Hay que reproducirse.
Y los huevos necesitan condiciones ambientales adecuadas para desarrollarse.
En las regiones polares del Cretácico, los dinosaurios tuvieron que afrontar períodos de iluminación reducida y condiciones estacionales muy diferentes de las existentes cerca del Ecuador. Por eso los investigadores han propuesto distintas estrategias reproductivas: nidos cubiertos, incubación mediante adultos y otros comportamientos especializados.
Los huevos de titanosaurio de Patagonia parecen encajar en una de esas estrategias.
El dinosaurio no necesitaba esperar a que el Sol hiciera todo el trabajo.
Podía construir un nido capaz de generar y conservar calor.
Una conquista mucho más antigua de lo que imaginábamos
La importancia de este descubrimiento va más allá de los 255 fragmentos de cáscara.
Durante décadas, los dinosaurios fueron representados como animales esencialmente dependientes de climas cálidos.
Pero el registro fósil cuenta una historia diferente.
Dinosaurios no avianos ocuparon ambientes desde las regiones tropicales hasta ecosistemas situados en las proximidades de los círculos polares.
La evidencia de Siberia demuestra reproducción a aproximadamente 70–75° N; Alaska ofrece evidencias incluso más extremas; y el nuevo estudio extiende considerablemente la evidencia reproductiva de los titanosaurios hacia el sur, hasta 55–60° S.
El planeta de los dinosaurios era, literalmente, un mundo de extremos.
El planeta que ya no existe
Existe además una paradoja fascinante.
Cuando observamos Siberia y la Patagonia actuales, pensamos inmediatamente en frío extremo.
Pero hace unos 66–70 millones de años, el mundo era diferente.
No existían los enormes casquetes polares continentales que dominan hoy las altas latitudes. Las temperaturas globales eran superiores a las actuales y el gradiente térmico entre Ecuador y polos era menor.
Por eso, “dinosaurios polares” no significa necesariamente “dinosaurios caminando sobre hielo”.
Significa animales capaces de vivir bajo una combinación de altas latitudes, marcada estacionalidad lumínica y temperaturas relativamente bajas para los estándares del Cretácico.
Y algunos incluso consiguieron algo todavía más extraordinario:
reproducirse allí.
Una nueva imagen de la Era de los Dinosaurios
El descubrimiento de la Formación Chorrillo añade una pieza esencial al rompecabezas.
Los dinosaurios no avianos no fueron simplemente criaturas de selvas cálidas cercanas al Ecuador.
Fueron capaces de expandirse hacia los extremos del planeta y desarrollar estrategias para vivir y reproducirse en ambientes que, por su latitud, presentaban condiciones mucho más difíciles.
Desde los hadrosaurios y terópodos del Ártico siberiano hasta los gigantescos titanosaurios de la Patagonia austral, el registro fósil revela una extraordinaria capacidad de adaptación y dispersión.
La frontera de los dinosaurios estaba mucho más lejos del Ecuador de lo que alguna vez imaginamos.
Y bajo los antiguos bosques de la Patagonia austral, mientras el mundo se acercaba a los últimos capítulos del Cretácico, un titanosaurio pudo haber dejado enterrada una puesta de huevos.
Millones de años después, aquellas frágiles cáscaras se convertirían en una pista capaz de reconstruir una de las historias más sorprendentes de la evolución:
la conquista de las altas latitudes por los dinosaurios.
La evidencia clave
255 fragmentos de cáscara fueron estudiados en la Formación Chorrillo.
Los restos corresponden a Fusioolithus y probablemente pertenecieron a titanosaurios.
La localidad se encontraba aproximadamente a 55–60° S durante el Maastrichtiense.
La elevada porosidad indica una incubación en nidos cubiertos.
La descomposición microbiana de materia vegetal es una fuente plausible de calor, aunque el estudio señala que la fuente exacta no puede determinarse con seguridad.
En Siberia existen huevos de hadrosaurios y terópodos alrededor de 70–75° N.
En Alaska existen evidencias de reproducción a más de 75° N.
Referencia científica principal: Tanaka, K., Novas, F. E., Manabe, M., Sakata, C., Garcia Marsà, J. A. & Zelenitsky, D. K. (2026). Titanosaur eggshells from the latest Cretaceous of Patagonia, Argentina: implications for nesting at high latitude. Royal Society Open Science, 13, 260333.