Un estudio publicado en The New England Journal of Medicine revela que una pérdida considerable de peso mediante dieta puede transformar profundamente el metabolismo de personas con obesidad y diabetes tipo 2, con beneficios comparables a los observados después de una cirugía de bypass gástrico.
El verdadero poder podría estar en perder peso
Durante años, la cirugía de bypass gástrico ha ocupado un lugar destacado entre las estrategias capaces de mejorar de manera profunda la diabetes tipo 2. Algunos investigadores habían planteado una posibilidad fascinante: quizá la cirugía no solo funcionaba porque hacía perder peso, sino porque modificaba directamente el funcionamiento del metabolismo.
¿Podía existir un efecto oculto detrás de la operación?
Para responder a esta pregunta, un equipo de investigadores de la Washington University School of Medicine comparó dos caminos muy diferentes hacia un mismo destino: una pérdida considerable de peso.
Participaron personas con obesidad y diabetes tipo 2. Un grupo consiguió la reducción de peso mediante una dieta hipocalórica, mientras que otro lo hizo mediante cirugía de bypass gástrico. El objetivo era conseguir una pérdida de peso semejante en ambos grupos y, después, observar qué ocurría dentro de sus organismos.
El resultado fue revelador.
La investigación encontró que, cuando la cantidad de peso perdido era comparable, las mejoras metabólicas también eran extraordinariamente similares.
La protagonista de esta historia no parecía ser exclusivamente la cirugía.
Era la pérdida de peso.
Lo que ocurrió dentro del organismo
Para comprender la magnitud del hallazgo hay que mirar más allá de la báscula.
Los investigadores no se limitaron a registrar cuántos kilogramos habían perdido los participantes. Examinaron cómo respondían diferentes órganos y tejidos a la insulina, cómo funcionaban las células beta del páncreas y cómo evolucionaban durante 24 horas los niveles de glucosa, insulina y ácidos grasos en la sangre.
En total, 22 participantes completaron las evaluaciones necesarias: 11 pertenecían al grupo de dieta y 11 al grupo de cirugía. La pérdida de peso media fue cercana al 18% en ambos grupos.
Y entonces apareció una de las piezas más interesantes del rompecabezas.
El hígado volvió a responder mejor a la insulina
Uno de los problemas fundamentales de la diabetes tipo 2 es la resistencia a la insulina. El organismo produce esta hormona, pero diferentes tejidos dejan de responder adecuadamente a sus señales.
Después de perder peso, la sensibilidad a la insulina mejoró tanto en el hígado como en los músculos y el tejido adiposo.
La capacidad de la insulina para frenar la producción de glucosa por parte del hígado aumentó considerablemente. Al mismo tiempo, los músculos mejoraron su capacidad para captar glucosa estimulados por la insulina.
En otras palabras, el organismo parecía recuperar parte de su capacidad para utilizar correctamente una de sus principales señales metabólicas.
El páncreas también mostró señales de recuperación
Las células beta del páncreas son pequeñas fábricas biológicas cuya misión incluye producir insulina cuando aumenta la glucosa en la sangre.
Después de la pérdida de peso, su funcionamiento mejoró en ambos grupos.
En el grupo que siguió la dieta, la función de las células beta aumentó en 1,83 unidades; en el grupo sometido a cirugía, el incremento fue de 1,11 unidades. La diferencia entre ambos grupos no fue estadísticamente significativa.
El hallazgo apunta hacia una idea poderosa: una reducción importante del peso corporal puede aliviar simultáneamente varios de los mecanismos que mantienen la diabetes tipo 2.
Menos grasa también significó un metabolismo diferente
La transformación no ocurrió únicamente en el peso corporal.
La cantidad de grasa corporal disminuyó, al igual que el tejido adiposo intraabdominal. Pero hubo otro cambio especialmente llamativo: la cantidad de triglicéridos almacenados en el hígado también descendió de manera considerable.
En el grupo de dieta, el contenido de triglicéridos intrahepáticos pasó de aproximadamente 13,2% a 3,8%. En el grupo de cirugía descendió de 16,9% a 5,8%.
El organismo estaba cambiando desde dentro.
Y esos cambios tuvieron una consecuencia visible en la sangre.
Los niveles de glucosa de los participantes descendieron aproximadamente de 156 a 106 mg/dl en el grupo de dieta y de 153 a 106 mg/dl en el grupo de cirugía. La hemoglobina glucosilada también disminuyó notablemente.
Incluso algunos participantes alcanzaron niveles de hemoglobina glucosilada inferiores al 6% sin utilizar medicamentos para la diabetes: cuatro personas del grupo de dieta y dos del grupo de cirugía.
El metabolismo durante todo el día también cambió
Los investigadores observaron además una reducción aproximada del 40% en las concentraciones integradas de glucosa e insulina durante 24 horas después de la pérdida de peso, mientras que la cantidad total de medicación para la diabetes disminuyó aproximadamente un 75% en ambos grupos.
Era como si el organismo hubiera reducido progresivamente la presión metabólica que soportaba antes.
El hígado producía menos glucosa cuando la insulina estaba presente. Los músculos podían utilizarla con mayor eficacia. El tejido adiposo respondía mejor y las células beta recuperaban parte de su capacidad funcional.
Todo ello ocurrió independientemente de que la pérdida de peso hubiera sido conseguida mediante una intervención quirúrgica o mediante dieta.
La cirugía no era la única protagonista
El hallazgo central del estudio modificó una parte importante de la explicación tradicional sobre los beneficios metabólicos del bypass gástrico.
Los investigadores encontraron que, con una pérdida de peso comparable, la dieta y la cirugía produjeron beneficios metabólicos esencialmente similares: mejor sensibilidad a la insulina en múltiples órganos, mejor función de las células beta, menores concentraciones de glucosa e insulina durante 24 horas y cambios favorables en la composición corporal.
La conclusión fue contundente: los beneficios metabólicos observados después del bypass parecían estar relacionados principalmente con la pérdida de peso y no con un efecto clínicamente importante independiente de ella.
Pero existe una paradoja.
Aunque una dieta puede producir beneficios metabólicos extraordinarios, conseguir y mantener una pérdida de peso importante mediante cambios en el estilo de vida puede ser difícil a largo plazo. Precisamente por eso, para determinados pacientes, la cirugía bariátrica puede seguir siendo una herramienta terapéutica más eficaz.
Una aclaración imprescindible: ¿y el ayuno intermitente?
Aquí es donde conviene separar ciencia de tendencia.
Este estudio no evaluó el ayuno intermitente. La intervención dietética consistió en una dieta hipocalórica estructurada, con educación nutricional y comidas proporcionadas por los investigadores, y no en un protocolo de alimentación restringida por horarios.
Por ello, sus resultados no permiten afirmar que el ayuno intermitente produzca estos mismos beneficios en pacientes con diabetes.
Lo que sí demuestra el estudio es algo quizá más fundamental: una pérdida de peso sustancial puede producir profundas mejoras en el funcionamiento metabólico de las personas con obesidad y diabetes tipo 2.
La lección no está necesariamente en cuándo comemos, sino en cómo determinadas estrategias capaces de producir una pérdida de peso significativa pueden modificar la biología de una enfermedad compleja.
El estudio, además, tuvo limitaciones importantes: no fue un ensayo aleatorizado, hubo una proporción considerable de participantes que abandonaron el protocolo y los resultados fueron evaluados después de pérdidas de peso de entre 16% y 24%. Los propios autores señalan que no pueden descartarse efectos diferentes con cantidades menores o mayores de pérdida de peso.
Por eso, el mensaje no debería ser que una dieta determinada “cura” la diabetes.
El mensaje es más interesante.
Cuando el cuerpo pierde una cantidad suficiente de peso, algunos de los mecanismos que mantienen la diabetes tipo 2 pueden cambiar profundamente.
Y detrás de esa transformación existe una posibilidad extraordinaria: que el metabolismo humano tenga mucha más capacidad de recuperación de la que durante mucho tiempo imaginamos.
