Cuando una especie fósil de hace 6.000 años vuelve a la vida: el redescubrimiento de la zarigüeya pigmea de dedos largos

El hallazgo moderno de Dactylonax kambuayai, un pequeño marsupial de Nueva Guinea conocido solo por fósiles del Holoceno, reabre preguntas sobre la evolución y la zoogeografía de los bosques tropicales de Nueva Guinea.

Durante décadas, la pequeña zarigüeya pigmea de dedos largos, Dactylonax kambuayai, fue considerada una especie desaparecida. Los únicos indicios de su existencia provenían de restos fósiles del Holoceno, con una antigüedad aproximada de 6.000 años.

Sin embargo, nuevos registros de campo y especímenes depositados en colecciones científicas han confirmado algo extraordinario: la especie sigue viva.

El hallazgo, publicado en la revista Records of the Australian Museum, demuestra que este diminuto marsupial habita todavía en bosques tropicales de baja y media elevación en la península de Vogelkop Peninsula, en Nueva Guinea.

Una auténtica “especie de Lázaro”

El caso de Dactylonax kambuayai pertenece a un fenómeno poco común en biología evolutiva: el de las llamadas Lazarus taxon. Se trata de organismos que desaparecen del registro científico durante miles de años y reaparecen posteriormente en poblaciones vivas.

En este caso, las observaciones directas, fotografías y nuevos ejemplares de museo coinciden taxonómicamente con los fósiles previamente descritos, confirmando que se trata de la misma especie.


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Dactylonax kambuayai (Aplin, 1999)
Zarigüeya pigmea de dedos largos
en Flannery, Aplin, Bocos, Koungoulos et Helgen, 2026

Revisando la historia evolutiva del género

El estudio también revisa la sistemática del género Dactylonax, un grupo de pequeñas zarigüeyas rayadas pertenecientes a la subfamilia Dactylopsilinae.

Los investigadores proponen una reorganización de las especies dentro del género. La especie tipo, Dactylonax palpator, anteriormente considerada ampliamente distribuida en regiones montañosas, se redefine ahora con un rango mucho más restringido en las montañas Arfak de Vogelkop. Por su parte, Dactylonax ernstmayri ocuparía las zonas montañosas de la Cordillera Central de Nueva Guinea y la península de Huon.

Esta revisión sugiere una historia evolutiva compleja, en la que un ancestro similar a Dactylonax kambuayai habría colonizado ambientes montañosos, dando origen a especies más grandes y especializadas.


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Fotografía de una hembra viva de Dactylonax kambuayai , área de Klalik, Vogelkop.
Foto: Carlos Bocos.

Un enigma ecológico

Uno de los aspectos más intrigantes del descubrimiento es su distribución ecológica. Hasta ahora, la especie se ha registrado únicamente en zonas donde otra pequeña zarigüeya planeadora de Nueva Guinea, Petaurus papuanus, está ausente o es poco común.

Esto sugiere que factores ecológicos o altitudinales —un posible “filtro zoogeográfico”— podrían haber moldeado la distribución de estos marsupiales en los bosques tropicales de la región.

Más preguntas que respuestas

El redescubrimiento de Dactylonax kambuayai recuerda que incluso en el siglo XXI aún existen especies casi invisibles para la ciencia, ocultas en ecosistemas remotos.

También pone de relieve el valor de las exploraciones biológicas y de las colecciones de museo para comprender la biodiversidad del planeta. En ocasiones, la historia natural todavía guarda sorpresas capaces de devolver a la vida —al menos científicamente— especies que creíamos perdidas desde hace milenios.

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