Asteroides podrían transportar vida entre planetas, según nuevos experimentos

Durante décadas, una de las ideas más fascinantes de la astrobiología ha sido que la vida podría viajar entre planetas transportada por rocas expulsadas tras grandes impactos. Esta hipótesis, conocida como litopanspermia, sugiere que los microorganismos podrían sobrevivir al violento lanzamiento desde la superficie de un planeta, atravesar el espacio y eventualmente llegar a otro mundo. Un nuevo estudio experimental aporta ahora evidencias de que este escenario podría ser más plausible de lo que se pensaba.

Los impactos de asteroides son uno de los procesos más comunes en el Sistema Solar. A lo largo de miles de millones de años han moldeado la superficie de planetas, lunas y asteroides, generando cráteres gigantes y, en algunos casos, eventos de extinción masiva. Pero estos impactos también pueden expulsar fragmentos de roca al espacio. De hecho, los científicos han encontrado en la Tierra meteoritos que proceden de Marte, lo que demuestra que material de un planeta puede viajar naturalmente hacia otro.

La gran pregunta es si alguna forma de vida microscópica podría sobrevivir a ese viaje.

Para responderla, un grupo de investigadores diseñó un experimento que reproduce en laboratorio las condiciones extremas generadas durante un impacto planetario. Estas colisiones generan presiones gigantescas —de miles de millones de pascales— en fracciones de segundo, lo que somete a cualquier organismo a un estrés mecánico extremo.

En el experimento, los científicos utilizaron una bacteria extraordinariamente resistente: Deinococcus radiodurans, conocida por su capacidad para sobrevivir a niveles extremos de radiación, desecación y frío. Este microorganismo se ha convertido en uno de los modelos más estudiados para comprender los límites de la vida.

Los resultados fueron sorprendentes. Las bacterias sobrevivieron a presiones de hasta 3 gigapascales (GPa), condiciones comparables a las que experimentan las rocas expulsadas de la superficie de Marte durante un gran impacto. Aunque los análisis moleculares revelaron signos de estrés biológico a medida que aumentaba la presión, una fracción significativa de los microorganismos permaneció viable.

Esto sugiere que algunos microbios podrían resistir las condiciones necesarias para ser expulsados al espacio dentro de fragmentos rocosos. Estudios previos ya habían demostrado que D. radiodurans puede soportar el vacío, el frío extremo y la radiación similares a las del espacio. Al combinar esos resultados con la nueva evidencia sobre impactos, el escenario completo de transporte interplanetario de microorganismos se vuelve más creíble.

Las implicaciones de este hallazgo van mucho más allá de una simple curiosidad científica. En primer lugar, afecta directamente a las políticas de protección planetaria, que buscan evitar contaminar otros mundos con microbios terrestres durante las misiones espaciales. Si ciertos microorganismos pueden sobrevivir a impactos violentos, también podría existir el riesgo de que sobrevivan a viajes espaciales no intencionados.

Además, estos resultados influyen en la estrategia de búsqueda de vida extraterrestre. Algunos mundos con superficies muy craterizadas —como Marte o las lunas heladas de los planetas gigantes— podrían haber intercambiado material a lo largo de la historia del Sistema Solar.

En otras palabras, si alguna vez surgió vida en uno de esos mundos, existe la posibilidad de que se haya dispersado de forma natural hacia otros cuerpos celestes.

Aunque todavía quedan muchas incógnitas por resolver, este tipo de experimentos sugiere que la vida podría ser más resistente —y más viajera— de lo que imaginábamos. En un universo donde los impactos cósmicos son inevitables, los asteroides podrían haber actuado no solo como destructores planetarios, sino también como vehículos naturales de la vida.

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