En una suave colina de la meseta de Toledo, donde hoy predominan los campos secos y los cultivos modernos, arqueólogos han descubierto algo extraordinario: una de las necrópolis monumentales más antiguas jamás identificadas en el interior de la península ibérica. El hallazgo, realizado en el yacimiento de Valdelasilla, Illescas, podría cambiar para siempre la forma en que entendemos el origen del fenómeno megalítico en Europa.
Durante décadas, la teoría dominante sostuvo que el megalitismo “la tradición de construir monumentos funerarios colectivos” nació en las costas atlánticas del noroeste de Francia y se expandió posteriormente por rutas marítimas hacia el resto del continente. Sin embargo, las nuevas dataciones por radiocarbono obtenidas en Valdelasilla sitúan la aparición de complejas prácticas funerarias monumentales en el centro de Iberia entre 4336 y 4062 a. C., mucho antes de lo que se pensaba para esta región continental.
Lejos de ser un territorio periférico, la meseta ibérica emerge ahora como uno de los posibles focos originales de innovación ritual y arquitectónica durante el Neolítico tardío.
Un cementerio monumental oculto bajo la tierra de Toledo
Las excavaciones arqueológicas revelaron un paisaje funerario cuidadosamente organizado hace más de seis mil años. En el centro del complejo se encontraba una gran tumba circular rodeada por un foso monumental, alrededor de la cual se distribuían pequeñas cámaras funerarias construidas con madera, arcilla y piedras.

© El/los autor/es, 2026. Publicado por Cambridge University Press en nombre del Instituto McDonald para la Investigación Arqueológica.
Aunque estas estructuras carecen de los enormes bloques pétreos típicos de Stonehenge o Carnac, los investigadores sostienen que representan una forma temprana y sofisticada de monumentalización funeraria. La arquitectura fue diseñada para perdurar en el tiempo y marcar simbólicamente el territorio de los muertos.
El complejo funerario muestra una sorprendente planificación espacial. Algunas tumbas contenían entierros individuales cuidadosamente acomodados, mientras otras funcionaron como cámaras colectivas reutilizadas durante siglos. Los restos humanos revelan rituales complejos: cuerpos flexionados, huesos pigmentados con ocre rojo, depósitos secundarios y objetos personales depositados junto a los difuntos.
Entre los ajuares funerarios aparecieron agujas óseas, alfileres para el cabello, herramientas de sílex y más de un centenar de conchas marinas transportadas desde la costa, prueba de redes de intercambio y simbolismo ritual de larga distancia.

© El/los autor/es, 2026. Publicado por Cambridge University Press en nombre del Instituto McDonald para la Investigación Arqueológica.

© El/los autor/es, 2026. Publicado por Cambridge University Press en nombre del Instituto McDonald para la Investigación Arqueológica.
La monumentalidad nació también tierra adentro
El aspecto más revolucionario del estudio no es únicamente la antigüedad de las tumbas, sino lo que implican para la historia europea.
Hasta ahora, muchos modelos arqueológicos explicaban el surgimiento del megalitismo como un fenómeno exclusivamente costero, difundido por navegación atlántica y mediterránea. Pero Valdelasilla contradice esa visión lineal.
Las fechas obtenidas mediante modelado bayesiano muestran que las comunidades del interior de Iberia ya estaban desarrollando cementerios monumentales organizados hacia finales del quinto milenio antes de Cristo, prácticamente al mismo tiempo que otras regiones consideradas “cunas” del megalitismo europeo.
El hallazgo respalda una hipótesis cada vez más fuerte entre los arqueólogos: el megalitismo no surgió en un único lugar para luego expandirse pasivamente, sino que apareció mediante múltiples focos interconectados de innovación cultural.
En otras palabras, distintas comunidades neolíticas europeas pudieron desarrollar de forma paralela ideas similares sobre la memoria, los ancestros y la monumentalidad.
Una sociedad más compleja de lo imaginado
Los investigadores también destacan que Valdelasilla refleja una organización social sorprendentemente avanzada para su época.
La disposición jerárquica de las tumbas, la persistencia de rituales funerarios durante más de mil años y la reutilización de ciertos espacios indican la existencia de estructuras sociales duraderas y posiblemente diferenciadas por linaje, prestigio o identidad ritual.
La gran tumba central, utilizada durante generaciones, parece haber funcionado como núcleo simbólico de toda la necrópolis. Allí fueron enterrados individuos acompañados por abundantes adornos y depósitos rituales, mientras otras cámaras menores rodeaban el espacio principal.
Más que simples enterramientos, estos monumentos fueron escenarios de memoria colectiva, legitimación social y conexión espiritual con los ancestros.
El redescubrimiento de una Iberia olvidada
Valdelasilla no solo amplía el mapa del megalitismo europeo: obliga a reconsiderar el papel de las regiones interiores en la prehistoria del continente.
Bajo los suelos agrícolas de Toledo permanecía oculto el testimonio de comunidades capaces de construir paisajes rituales complejos mucho antes de la Edad del Bronce. Sus tumbas de barro, madera y piedra revelan que la monumentalidad no dependía únicamente de gigantescos bloques de roca, sino de ideas compartidas sobre permanencia, identidad y memoria.
El estudio transforma la imagen tradicional de la meseta ibérica como una región marginal y la sitúa en el centro de uno de los procesos culturales más importantes de la Europa neolítica.
Nuevas dataciones en Valdelasilla, Toledo, revelan que el fenómeno megalítico surgió en el interior de la península ibérica mucho antes de lo pensado, cambiando la historia del origen de los monumentos funerarios europeos. Megalitismo ibérico, Valdelasilla Toledo, Necrópolis neolítica, Arqueología prehistórica.
