Fósiles descubiertos en la Depresión Central de Chile revelan que estos gigantes roedores cruzaron barreras geográficas que se creían infranqueables.
Durante décadas, los capibaras los roedores más grandes del planeta parecían tener una historia bien delimitada: su presencia, tanto actual como fósil, se restringía principalmente al este de la cordillera de los Andes. Pero un descubrimiento reciente está obligando a los científicos a replantear esa narrativa.
En un hallazgo inesperado, restos fósiles encontrados cerca de la ciudad de Renaico, en el sur de Chile, sugieren que estos animales habitaron también el lado occidental del continente hace millones de años.
Un descubrimiento entre turbinas eólicas
Todo comenzó durante las obras del Parque Eólico San Gabriel, donde un monitoreo paleontológico rutinario reveló algo extraordinario: los primeros restos confirmados de capibaras fósiles en territorio chileno.
Los fósiles, pertenecientes al género extinto Phugatherium, incluyen dientes y fragmentos óseos con características diagnósticas claras. Entre ellas destaca un molar con un profundo surco conocido como hipoflexo que divide la pieza en dos lóbulos, una firma anatómica clave de este grupo.
Este hallazgo no solo marca un hito para la paleontología chilena, sino que constituye el primer registro anatómicamente sólido de hidrocoerinos en esta región.
Un paisaje perdido en el tiempo
Hace aproximadamente 4,5 millones de años, durante el Plioceno temprano, la zona donde hoy se encuentra Renaico no era como la conocemos. En lugar de campos agrícolas y parques eólicos, existía un entorno dinámico compuesto por humedales, lagunas y áreas abiertas.
Este mosaico de ecosistemas habría sido ideal para animales semiacuáticos como los capibaras, que dependen del agua tanto para alimentarse como para evadir depredadores.
Rompiendo la barrera de los Andes
El hallazgo tiene implicaciones profundas. Hasta ahora, la cordillera de los Andes había sido considerada una barrera biogeográfica casi infranqueable para muchas especies terrestres durante el Neógeno.
Sin embargo, la presencia de Phugatherium en el oeste sugiere que, en algún momento, existieron rutas de dispersión o condiciones ambientales que permitieron a estos animales cruzar o rodear esta imponente cadena montañosa.
Esto abre nuevas preguntas:
- ¿Fueron los Andes menos elevados o más permeables en ese entonces
- ¿Existieron corredores ecológicos hoy desaparecidos?
- ¿Qué otros animales lograron realizar trayectos similares?
Un pasado más diverso de lo imaginado
Hoy, los capibaras como Hydrochoerus hydrochaeris habitan principalmente zonas húmedas al este de los Andes, desde Panamá hasta el norte de Argentina. Pero el registro fósil cuenta una historia distinta: una diversidad mucho mayor y una distribución más amplia en el pasado.
El descubrimiento en Chile amplía significativamente ese mapa antiguo, demostrando que estos roedores fueron mucho más versátiles y adaptables de lo que se pensaba.
La importancia de mirar bajo nuestros pies
Más allá del hallazgo en sí, este estudio resalta un punto crucial: el enorme valor del monitoreo paleontológico en proyectos de infraestructura.
Lo que comenzó como una intervención industrial terminó revelando un capítulo desconocido de la historia natural de Sudamérica. Y sugiere que la Formación Mininco podría albergar muchos más secretos aún por descubrir.
Cada fósil es una pieza de un rompecabezas incompleto. Y en este caso, los capibaras tranquilos habitantes de ríos y humedales actuales se convierten en protagonistas de una historia mucho más épica: la de un continente dinámico, cambiante y lleno de rutas invisibles que alguna vez conectaron mundos hoy separados.
