Hay lugares que parecen susurrar historias antiguas entre la bruma. Donde la selva no termina en la tierra, sino que se funde con el mar. Donde la lluvia cae casi todos los días del año y la naturaleza respira con una intensidad primitiva. Ese lugar existe y se llama Utría.
Ubicado en el departamento del Chocó, en pleno Pacífico colombiano, este parque nacional es considerado uno de los territorios más biodiversos del planeta. Enmarcado por el inmenso Océano Pacífico y las estribaciones de la Serranía del Baudó, Utría es un santuario donde la selva tropical húmeda se encuentra con arrecifes coralinos, manglares, esteros y aguas profundas.
Aquí, la naturaleza no se observa: se vive.
Un paisaje que cambia con la marea
La Ensenada de Utría es un espectáculo dinámico. Con mareas que pueden elevarse hasta dos metros, el paisaje se transforma constantemente. Los sinuosos canales de manglar crecen y decrecen, revelando cangrejos, peces y raíces entrelazadas que parecen esculturas naturales.
La humedad es protagonista. Con más de 10.000 mm de lluvia al año, una de las cifras más altas del planeta, esta región alberga centenares de cascadas y ríos cortos que descienden desde la montaña hacia el mar. Aquí nace incluso el río Baudó, uno de los más caudalosos del Chocó.
La temperatura oscila entre los 23 y 30 °C: calor tropical envuelto en bruma, sal y selva.

El espectáculo de las ballenas
Entre julio y octubre, el parque se convierte en escenario de uno de los fenómenos naturales más conmovedores del continente: la llegada de la ballena jorobada, Megaptera novaeangliae.
Miles de kilómetros recorren estas gigantes del mar para parir y criar a sus ballenatos en las cálidas y tranquilas aguas de la ensenada. Verlas emerger, golpear el agua con sus colas o saltar frente a la costa es una experiencia que redefine la palabra “asombro”.
Pero no están solas. Tortugas marinas como la Eretmochelys imbricata y la Lepidochelys olivacea también llegan a estas playas para desovar, mientras aves, peces y crustáceos completan un ecosistema vibrante.

Selva viva, biodiversidad extrema
Utría alberga aproximadamente 125 especies de mamíferos, 400 de aves y cerca de 1.000 de reptiles, sin contar la riqueza marina. En sus bosques habitan especies emblemáticas como el jaguar, Panthera onca, el puma y el mono araña.
En lo alto de los árboles puede aparecer el águila harpía, Harpia harpyja, una de las rapaces más poderosas del mundo.
Y bajo el agua, los arrecifes Riscal de la Chola y Riscal de Playa Blanca los únicos reductos coralinos protegidos del Pacífico suramericano guardan un universo submarino perfecto para el snorkeling.
Además, el parque es hogar de comunidades afrodescendientes y del pueblo indígena Emberá, custodios ancestrales de este territorio.
Aventura pura
Llegar a Utría ya es parte del viaje.
El acceso es únicamente marítimo:
- Desde Bahía Solano (El Valle): 45 minutos en lancha.
- Desde Nuquí: 50 a 60 minutos en lancha.
Las actividades incluyen:
- Avistamiento de ballenas
- Senderismo sobre pasarelas elevadas en el manglar
- Snorkeling en arrecifes coralinos
- Exploración de Playa Blanca y Playa Cocalito
Aquí no hay turismo masivo. Hay silencio. Hay naturaleza intacta. Hay conexión.
Un paraíso en riesgo
Sin embargo, este santuario enfrenta amenazas. Propuestas de infraestructura portuaria de gran escala en la región podrían generar impactos ambientales irreversibles en uno de los ecosistemas más frágiles y biodiversos del planeta.
Conservar Utría no es solo una cuestión local: es una responsabilidad global.
Viajar con conciencia
El parque exige compromiso:
- Está prohibido el ingreso de plásticos de un solo uso.
- Se recomienda vacunación contra fiebre amarilla y tétano.
- Es obligatorio contratar guías locales autorizados.
Visitar Utría no es simplemente hacer turismo. Es entrar en uno de los últimos grandes santuarios naturales de América Latina. Es caminar donde la selva abraza el mar. Es escuchar el soplo de una ballena al amanecer.
Y una vez que lo ves, lo entiendes: hay lugares que no se olvidan. Utría es uno de ellos.