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Evidencias de caza de ballenas hace 5.000 años en Brasil

Mucho antes de que los grandes barcos balleneros surcaran los océanos y de que la caza de cetáceos se convirtiera en una industria global, las costas del sur de Brasil ya eran escenario de una relación profunda, compleja y sorprendentemente sofisticada entre los seres humanos y el mar.

Investigaciones recientes han revelado que comunidades indígenas que habitaron la bahía de Babitonga, en la actual región de Santa Catarina, cazaban ballenas hace aproximadamente “5.000 años”. El hallazgo, publicado en enero de 2026 y liderado por un equipo internacional de científicos de la Universidad Autónoma de Barcelona, desafía las ideas tradicionales sobre los orígenes de la caza de grandes cetáceos.

Los sambaquis: archivos del pasado

La evidencia proviene del análisis de restos óseos y herramientas recuperadas de antiguos “sambaquis”, enormes montículos de conchas construidos por pueblos costeros prehistóricos. Estos sitios, lejos de ser simples basureros, funcionaban como espacios rituales, habitacionales y funerarios, verdaderos archivos de la vida ancestral.

En la colección estudiada “actualmente conservada en el Museo Arqueológico de Sambaqui de Joinville” los investigadores identificaron huesos pertenecientes a “ballenas francas australes, jorobadas, azules, sei, cachalotes y delfines”. Muchos de estos restos presentan claras marcas de carnicería, prueba directa de su procesamiento humano.

Cazadores del océano

Uno de los hallazgos más reveladores fue la identificación de “grandes arpones fabricados con hueso de ballena”, herramientas que no dejan lugar a dudas: estos cetáceos no fueron simplemente encontrados muertos en la costa, sino “cazados activamente en el mar”.

“Los datos revelan que estas comunidades contaban con el conocimiento, las herramientas y las estrategias especializadas para cazar grandes ballenas miles de años antes de lo que suponíamos”, afirmó la arqueóloga Krista McGrath, una de las responsables del estudio.

Este descubrimiento obliga a replantear la historia de la relación humana con los grandes mamíferos marinos. Lejos de ser cazadores ocasionales, estos pueblos dominaban técnicas complejas, entendían el comportamiento de las ballenas y cooperaban socialmente para enfrentarse a animales de tamaño colosal.

Una relación ancestral con el mar

Más allá del impacto científico, el hallazgo ofrece una poderosa imagen cultural: comunidades costeras que no solo sobrevivían gracias al mar, sino que lo conocían íntimamente. La caza de ballenas debió tener un profundo significado social, económico y simbólico, integrándose en rituales, creencias y formas de organización colectiva.

Hoy, cuando las ballenas son emblemas de conservación y respeto ambiental, este descubrimiento nos recuerda que la relación entre los seres humanos y los cetáceos es antigua, compleja y cargada de historia. En las aguas de Babitonga, hace milenios, el mar ya era un espacio compartido entre gigantes.

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