Deconstrucción artística de "Galahadosuchus" en la grieta fósil. Imagen generada con inteligencia artificial (IA). Autor conceptual: Nova (asistente de IA de OpenAI).
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Un pequeño “corredor” del Triásico que reescribe la historia de los cocodrilos

Fósiles en grietas que guardan secretos de hace 200 millones de años

En el suroeste del Reino Unido, cerca del Canal de Bristol, existen antiguas grietas en la roca que funcionaron como trampas naturales hace más de 200 millones de años. Esas fisuras, hoy rellenas de sedimentos, han conservado huesos diminutos de animales que vivieron en un momento crucial: justo antes y después de la gran extinción del final del Triásico.

En una de esas canteras apareció hace décadas un esqueleto parcial de un pequeño reptil parecido a un cocodrilo primitivo. Durante años se pensó que pertenecía a Terrestrisuchus gracilis, una especie ya conocida del sur de Gales. Pero un estudio más detallado ha revelado que no era el mismo animal.

En realidad, se trataba de una especie completamente nueva.

Nace Galahadosuchus jonesi

Los investigadores analizaron minuciosamente el fósil identificado como NHMUK PV R 10002 y descubrieron diferencias clave en los huesos de las extremidades, las vértebras y el tobillo. Esos detalles anatómicos, invisibles a simple vista pero fundamentales para los paleontólogos, demostraron que no era simplemente otra muestra de Terrestrisuchus.

Así fue descrita una nueva especie: Galahadosuchus jonesi.

Este nuevo reptil pertenece a un grupo de parientes tempranos de los cocodrilos actuales conocido como Saltoposuchidae. Dentro de ese grupo también se encuentran especies como Saltoposuchus connectens, descubierta en Alemania, y otros pequeños depredadores del Triásico.

No era un “mini cocodrilo” cualquiera

Cuando pensamos en cocodrilos, imaginamos animales pesados y semiaquáticos. Pero estos antepasados tempranos eran muy distintos.

Galahadosuchus era pequeño, ligero y estaba adaptado para correr. Sus características incluyen:

  • Patas largas y esbeltas
  • Muñecas alargadas
  • Dedos estrechos y agrupados
  • Un tobillo especializado que favorecía una postura erguida

Todo apunta a que era un corredor ágil, probablemente cazador de pequeños animales en tierra firme. Caminaba con el cuerpo elevado, no arrastrándose como los cocodrilos modernos.

Lo más interesante es que, aunque se parecía mucho a Terrestrisuchus, presentaba proporciones ligeramente distintas en las extremidades y en la muñeca. Esto sugiere que, incluso entre parientes cercanos, podían existir diferencias en la forma de moverse o en el tipo de presas que capturaban.

Un mundo en transformación

Los primeros parientes de los cocodrilos aparecieron en el Triásico Tardío, con especies como Trialestes romeri en Sudamérica y Carnufex carolinensis en Norteamérica. En pocos millones de años se dispersaron por casi todo el planeta.

El descubrimiento de Galahadosuchus jonesi demuestra que ya en esa época existía una mayor diversidad de formas y estilos de vida de lo que se pensaba. No eran todos iguales ni ocupaban exactamente el mismo papel en el ecosistema.

Este pequeño corredor del Triásico nos recuerda que la evolución no avanza en línea recta: experimenta, diversifica y prueba distintas soluciones. Mucho antes de que los cocodrilos dominaran ríos y pantanos, sus antepasados ya estaban explorando diferentes maneras de vivir… y de correr.

La investigación que describe las características propias de la especie fósil, fue publicada en la revista de fomento científico “Asociación Americana de Anatomía”. 

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