Descubren que los mayas utilizaron por primera vez el cinabrio y la hematita en murales de Teotihuacan



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Siempre se pensó que el color rojizo de algunos murales construidos por los pueblos originarios del sur de México y parte de Centroamerica, se debía a la utilización de la sangre. Sin embargo, un reciente descubrimiento en murales de Teotihuacan nos revela el uso temprano de cinabrio y hematita como colorantes.

En un estudió realizado por arqueólogos del Instituto Mexicano de Antropología e Historia (INAH) y de la Universidad Nacional de México ( UNAM), han reportado el hallazgo del cinabrio, un sulfuro de mercurio, aplicado directamente en la pintura mural del Complejo de Quetzalpapálotl.

Detectan uso de cinabrio y hematita en murales tempranos Teotihuacan. Foto: Denisse Argote Espino. INAH.

La investigación ha descubierto que el cinabrio y la hematita fueron utilizados para lograr tonalidades rojizas en las decoraciones tempranas en el mural de Teotihuacan, entre los años Un hecho sin precedente que se convertiría en la primera evidencia temprana de la utilización del cinabrio y la hematita por una cultura alrededor del mundo.

Los primeros pueblos originarios de esta región al sur de México y al norte de Centroamericana, utilizaban el color rojo debido a que lo asociaban a la sangre, la vida, la fertilidad y al renacimiento del sol. Algo muy importante dentro de esta cultura, lo cual pudo ser el motor de innovación para la utilización temprana de estos minerales como colorantes.
Los arqueológicos, han explicado que este descubrimiento se trata de la primera vez que se confirma el uso del cinabrio, un sulfuro de mercurio, aplicado directamente en la pintura mural temprana entre los años 200 y 350 d.C.

Al igual, los investigadores también detectaron el uso del yeso en los estucos, material que no había sido reportado, lo cual resalta el gran avancé cultural que poseían los primeros pueblos que vivieron en el continente Americano hace unos 1800 años.

Imagen superior. Un equipo interdisciplinario del INAH y de la UNAM también detectó la presencia de yeso en los estucos, material que no había sido reportado. Foto: Denisse Argote Espino. INAH.

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